Campo de Hielo Sur
La cuarta área glacial del mundo. La menos conocida. La más difícil de visitar. Se encuentra en el extremo sur del continente americano y hasta principios de ésta década fue una área blanca en los mapas. Desconocida, intocable. Una de las últimas reservas vírgenes del mundo, escenario de grandes episodios exploratorios y deportivos, ahora se prepara para recibir a los turistas de todo el mundo.
Altiplanos Remanentes
En el extremo sur del continente americano se ubica un extenso y desolado casquete de hielo que representa la mayor área glacial del hemisferio sur sin considerar a Antártica. Son 13.000 kilómetros cuadrados de nieve y hielo localizado en la cordillera patagónica compartida por Chile y Argentina. Su nombre es Campo de Hielo Sur (CHS). 
Se extiende aproximadamente entre los 48°15' y 51°40' de latitud sur, lo que significa unos 450 kilómetros de largo, cubriendo prácticamente todo el territorio comprendido entre Caleta Tortel y Puerto Natales. Tiene una altitud promedio de 1.500 metros sobre el nivel del mar y está constituido por altiplanos remanentes de la gran glaciación que en épocas pretéritas se extendió por la parte austral del continente americano, cuyo retroceso final se inició hace aproximadamente 10.000 años atrás.
Estos altiplanos contenidos en diversas cuencas se funden entre ellos al estar conectados por collados, conformando una gigantesca sábana glacial sobre la cual sobresalen cordilleras enteras, con alturas que sobrepasan los 3.000 metros de altitud. Aquí se localizan famosas montañas tales como el Monte Fitz Roy, el Risopatrón, el Murallón, las Torres del Paine, el Mariano Moreno y otras. Incluso aún existen cerros inescalados, generalmente objetivos deportivos de gran dificultad técnica.
El CHS está prácticamente partido en dos debido a la existencia de una profunda depresión que corta, perpendicularmente y a baja altura, la meseta de hielo. Se denomina Falla de Reichert, que en estricto rigor no es una falla geológica, sino que una especie de corredor de 8 kilómetros de largo por 4 de ancho que se extiende desde el Pacífico hasta Argentina.
Su profundidad es de 900 metros y está flanqueado
por altos cordones montañosos. Los accesos son complicados. En su
vertiente occidental, los glaciares caen abruptamente al mar y generan
una gran cantidad de témpanos que dificultan la navegación por los
fiordos. Además, la existencia de acantilados y tupidos bosques
no permiten una adecuada penetración por tierra. La aproximación
por aire, si bien es posible, está fuertemente limitada por la escasa
cantidad de días con buen clima. 
Precisamente eso es lo que lo caracteriza. Lo
habitual es tener tormentas de nieve, lluvia y viento. Este último
es particularmente devastador, dado que llega libre de obstáculos
desde el Pacífico y, al chocar contra el relieve andino, descarga
su energía sobre él. Los días despejados son escasos, breves e impredecibles.
La temperatura promedio en verano es de 0º C, lo que no deja de
ser curioso pues podría esperarse que fuese extremadamente frío.
La cercanía del mar y la latitud a la cual se encuentra moderan
el gradiente térmico y explican porque es frecuente encontrarse
con abundantes lluvias en el hielo mismo.
Tan bello como el CHS es todo el ecosistema que lo rodea. Al este, se localizan grandes lagos formados por el continuo retroceso de los glaciares: el lago O'higgins-San Martín, el lago Viedma y el lago Argentino. Hacia el oeste, la inaccesibilidad ha permitido que los bosques permanezcan vírgenes dándole una imagen prehistórica al entorno. Innumerables glaciares caen al mar: Amalia, Asia, Falcon, Exmouth, Pío XI, Calvo, Témpano, Bernardo, Europa, Penguin, Patos, Lobos, Murtillares, García, etc.
Páginas Heroicas
No existe un descubridor propiamente tal del CHS.
Las primeras referencias vienen de navegantes españoles que, al
perderse en el laberinto de canales e islas, lograron visualizar
ventisqueros que caían de lo alto en varios sitios diferentes. 
Sólo a principios de este siglo se inició una investigación seria. Particularmente importantes fueron las realizadas por el padre salesiano Alberto De Agostini, quien dirigió varias expediciones a los distintos valles y glaciares de la zona, generando información precisa acerca del clima y la topografía. Sus observaciones junto con las de Plüschow, Reichert y Koelliker, permitieron validar la tesis de la masa glacial única.
Heroicas páginas se escribieron en aquella época. Notable fue la travesía que realizó De Agostini en 1930-1931 y que significó el primer cruce este-oeste del CHS, uniendo Lago Argentino con el Fiordo Falcon. También habría que mencionar la búsqueda de un misterioso volcán que se suponía estaba en el interior del casquete, debido a la existencia de fumarolas, piedras y cenizas en los alrededores. Lo encontró Federico Reichert en 1932-1933, quien ya había explorado la cuenca superior del Glaciar Perito Moreno hasta el paso que hoy lleva su nombre.
Con el correr de los años, se ascendieron varias
montañas emblemáticas tales como el Fitz Roy y las Torres del Paine,
mientras que se realizaron travesías parciales del CHS. Es imposible
nombrar a todos los que tuvieron participación en este período;
dentro de los más relevantes están Lionel Terray, Chris Bonington,
Cedomir Marángunic, Eduardo García, Eric Shipton, Jorge Quinteros,
Claudio Lucero, Ian Tilmann, etc. 
A medida que se iban cumpliendo los más importantes objetivos andinísticos y exploratorios, comenzó a destacarse el desafío de un cruce longitudinal al CHS, que resultó ser más complejo de lo esperado y rechazó una y otra vez a varias cordadas internacionales, dándole una fama de misteriosa y complicada. Lo intentaron Shipton en 1960, Mc Sweeney el 79, Hourcadette el 82, Giongo el 85, los argentinos el 90, Bielleses el 91, los españoles en 1992, Purto el 92, una cordada suiza el 94 y también el 95, Fuchs el 95 y los chilenos de 1996.
Quien les escribe tuvo la oportunidad de participar en "Transpatagónica", expedición que logró finalmente realizar este cruce y dar por terminado la época de las grandes travesías deportivas.
Para ello, tuvimos que embarcarnos en un proyecto de tres años de duración, planificando cuidadosamente cada uno de los aspectos involucrados en el viaje, principalmente la logística. El 24 de Octubre de 1998 fuimos desembarcados en el glaciar Jorge Montt, cabecera norte del CHS y punto de partida de la travesía. Desde ahí, nos desplazamos hacia el sur usando esquíes y trineos en medio de un espantoso clima; demoramos 48 días en arribar a la Falla de Reichert, y 30 más sólo para atravesarla. Una vez flanqueado este formidable obstáculo, caminamos 160 kilómetros en 20 días de marcha hasta bajar a una playa del Seno de la Ultima Esperanza, el 30 de Enero de 1999, punto final del cruce.
Cómo Ir
Para el viajero que desea visitar CHS, existen algunas interesantes posibilidades que permiten acercarse con cierta seguridad, aunque todavía no están dadas las condiciones para realizar un turismo de aventura masificado.
Al Parque Nacional Torres del Paine en Chile,
caen varios glaciares desde la meseta superior. El Grey es el más
conocido ya que se puede visualizar a pie, en auto o incluso mediante
un bote que navega por el lago del mismo nombre. Para ir al Tyndall
o al Pingo, es necesario recorrer el sendero que lleva al refugio
Zapata. Para observar el Dickson, se requiere realizar el Circuito
Mayor, caminata de varios días de duración que da la vuelta a todo
el Parque.
En Argentina también existen buenas posibilidades.
Por ejemplo, al Glaciar Perito Moreno se accede desde Calafate en
auto, llegando hasta un mirador que permite ver toda la magnificencia
de la masa de hielo. Otra estupenda alternativa es visitar Chaltén.
Aquí, la Cordillera del Fitz Roy y del Cerro Torre no permiten ver
directamente el CHS. Es necesario realizar una travesía que rodea
estas montañas y que representa la mejor alternativa para quienes
desean conocer exactamente como es la meseta superior; es un viaje
de en promedio 10 jornadas que va desde el Paso Marconi hasta el
Paso del Viento. Ya existen varias agencias de turismo aventura
que lo ofrecen. 
Aproximarse por mar al CHS es una alternativa fascinante. Pese al gran interés que existe, no siempre encontraremos un servicio regular y en ocasiones es necesario contratar directamente la embarcación. Los recorridos más habituales son las visitas al glaciar Jorge Montt (desde Tortel), al Pío XI (desde Puerto Edén) y al monte Balmaceda (desde Puerto Natales; varias empresas).
Debido a la climatología de la zona, aún no hay visitas aéreas regulares. Irónicamente existe una estupenda posibilidad para aquellos que viajan entre Santiago y Punta Arenas por avión. Como la ruta pasa exactamente por arriba del CHS, si el viajero es afortunado y le toca un buen día, podrá obtener una vista alucinante de todo el sector. Gratis además.
Un Modesto Consejo
No queda duda que en las próximas décadas se intensificará
notable el turismo basado en el CHS, sobre todo el de aventura.
Se intuyen muchas posibilidades: caminatas glaciales, recorridos
en helicóptero, aproximaciones a caballo, navegación por los fiordos,
etc.
Además, ya se han dado los primeros pasos para
construir un camino que unirá Punta Arenas con la Carretera Austral
Chilena, proyecto que tardará 30 años en realizarse y que contempla
la construcción de varios puentes y el uso de transbordadores para
sortear los intrincados canales que impidieron hasta ahora una ruta
directa por tierra.
Para Usted lector es fácil entender el gran impacto
que tendrá esta futura vía, así como los futuros planes de explotación
turística que están por venir. Las oportunidades son enormes, pero
también la responsabilidad que conlleva participar activa o pasivamente
de estas visitas.
Hasta hoy, el CHS se ha mantenido prácticamente
intocado y ha permitido que muchas personas hayan vivido la más
inolvidable de sus experiencias. La idea es que muchos otros puedan
tener la misma oportunidad y, para ello, es vital que cada turista
se comprometa a dejar el lugar mejor de lo que estaba, teniendo
una actitud de respeto y modestia ante el grandioso espectáculo
de la naturaleza.
Es una tarea difícil, que nos compete a todos. La única manera de preservar este maravilloso lugar a nuestros descendientes.
Rodrigo Fica

|