 Asia
Central
Texto y Fotografías: Rodrigo Fica
Enero 2005
La desaparición de la URSS permitió en Asia Central
el surgimiento de países cuyos nombres aún no nos
son familiares. En ellos se localiza una cordillera hacia donde
dos chilenos se dirigieron en julio de 2004 para intentar escalar
una gran montaña. Fueron seis semanas de viajes a través
de estepas y glaciares, experiencia que no estuvo exenta de la tragedia.
Bienvenidos
Justo a la medianoche del 26 de junio, la puerta del compartimiento
se abrió repentinamente para dar paso a un guardia de expresión
severa. Estábamos en un tren que habíamos tomado en
Moscú hacía 28 horas, a pesar de lo cual el viaje
aún no soltaba. Tras un breve chequeo de nuestros papeles,
nos felicitó por venir de tan lejos y, al despedirse, nos
dijo sonriente "Welcome to Kazakstan".
Tiempo atrás no habríamos sabido identificar a este
país, ni a sus vecinos, naciones "recién"
independizadas de la otrora Unión Soviética y cuyos
nombres son fuente habitual de bromas, porque, expresados en español,
todos terminan en "stan" (que significa "país
de"): Kazajastán, Kirgistán, Uzbekistán,
Tayikistán y Turkmenistán. Si a ellos les sumamos
la provincia china de Xinjiang y al más conocido Afganistán,
tendremos un área con un pasado relativamente común
y que hoy es conocido como Asia Central. Lugar de choque de civilizaciones
y por donde pasaron todas las "Rutas de la Seda".
Si estábamos ahí, Patricia Soto
y yo, era porque deseábamos ascender el Khan Tengri, una
cumbre de 7.010 metros ubicado en la cordillera del Tian-Shan, cerca
de las fronteras entre Kazajastán, Kirgistán y Xinjiang.
Llegábamos tras haber estado 23 días en el Cáucaso
y luego de una semana en Moscú tramitando las visas.
Praderas Infinitas
Los chequeos continuaron en la noche; nada serio,
tan sólo revisiones regulares, aunque en uno de ellos desarmaron
parte de las paredes del compartimiento en busca de contrabando.
En la mañana empezamos a ver el paisaje. Hasta entonces habíamos
atravesado bosques alimentados por la cuenca del río Volga,
el más largo de Europa. Pero ahora, en Kazajastán
mismo, nos rodeaban planicies sin fin bajo un cielo rostizado por
el calor. De vez en cuando, aves y camellos, pero esencialmente
poca vida silvestre.
 A
pesar de su fama, el viaje en tren se hace cómodo. En parte
porque usamos un compartimiento privado, única manera de
controlar nuestros 140 kilos de equipaje. Además teníamos
dos camas, una mesa y aire acondicionado. Y sí consideramos
que el baño común era usable, mejor imposible. Claro
que, como se corrió la voz que eramos chilenos, regularmente
la gente metía su cabeza en el camarote para vernos.
De vez en cuando me bajaba en las paradas para comprar comida. Si
esperaba encontrar bazares caóticos, gran decepción,
porque los andenes estaban ordenados y limpios. Por supuesto, tenía
que pedir las cosas en ruso, desatando siempre la risa de las vendedoras.
No importando cuánto esfuerzo pusiera en tratar de darme
a entender, al final siempre volvía con lo mismo: tomates
y algo parecido a unas empanadas fritas.
En algún momento de la tercera noche atravesamos por lo que
tiempo atrás hubieran sido las riberas del Mar de Aral, el
otrora cuarto lago más grande del mundo y hoy muy reducido,
desastre ecológico causado gracias a las equivocadas ideas
soviéticas de planificación central. Esa misma madrugada
también pasamos por Baikonur, cosmódromo desde dónde
partieron hacia las estrellas Gagarin, Tereshkova y, también,
Tito, el primer "turista" espacial. Dicho sea de paso,
Baikonur todavía es territorio ruso, dado que Kazajastán
se los arrienda por unos no despreciables 115 millones de dólares
anuales.
Finalmente, tras 77 horas y 28 minutos, llegamos a Almaty, la ciudad
más importante del país y punto final del viaje. Pronto
estuvimos instalados en un viejo hotel intentando recuperarnos de
los tres días de inmovilidad.
Ciudad Progresista
El recorrido en tren nos había hecho atravesar
Kazajastán a su ancho, en el sentido norte-sur.
Pero su largo es aún mayor, lo que nos habla de lo enorme
que es. En rigor, el noveno país más grande del mundo
(tres veces y media Chile) y, si para nosotros ha pasado desapercibido,
es nada más porque los colegiales de la era pre-Gorbachev
(o sea yo) aún no hemos renovado el atlas mundial que tenemos
en la cabeza.
Un error, dada su importancia, la cual puede ser explicada en una
sola palabra: petróleo. Con reservas similares a la de los
miembros de la OPEP, pero que hasta ahora permanecen subexplotadas
debido a la falta de inversión y oleoductos apropiados. También
posee abundantes reservas de gas y metales ferrosos. Incluso, en
algún momento tuvo el control de parte del arsenal atómico
soviético, pero se los entregó a Rusia para su desmantelamiento
y desde 1995 es un país libre de armas nucleares.
Aquilatando estas nuevas realidades, los primeros días los
dedicamos a recorrer Almaty, ciudad que se ubica exactamente dónde
las estepas mueren para dar vida a las montañas. El paseo
nos ratificó lo progresista que es esta nación, con
deseos nominales de alcanzar plena democracia y con moderadas expresiones
religiosas. No se ve un código de vestimenta influenciado
por el Islam; al menos, no parece ser obligatorio. Patricia pudo
usar pantalones cortos y nadie puso problemas.
Almaty es una ciudad moderna, de un millón y medio de habitantes.
Su transporte público, es silencioso y fácil de usar.
Está llena de árboles y parques, lo que la hace inusitadamente
verde. Con grandes acequias en las veredas que nos hablan de lo
lluvioso que son los inviernos. El parecido con Mendoza es inevitable.
Nos gustó lo que vimos.
Privilegiados 
El 1 de julio nos pasó a buscar un minibús de la agencia
encargada de la logística para el Khan Tengri. Cuando bajábamos
por el ascensor del hotel, nos topamos con dos rusos; al ver nuestras
vestimentas, me preguntaron "¿Atkuda vi?" y yo
respondí "Chilí"; "¡ahhh! Viktor
Jará" contestaron, y nos reímos todos.
Ya en la calle, le dije a Patricia que lo incluyera en nuestra lista
de referencia rápida. Desde el inicio habíamos anotado
lo que la gente decía cuando escuchaban de dónde veníamos.
Normalmente la respuesta era silencio, pero a veces algo salía;
ya teníamos por ahí un par de "Neruda",
¡e incluso un "Maradona"!, pero la lista era liderada
lejos por "Allende" y "Pinochet".
Esa tarde nos fuimos de Almaty junto con escaladores japoneses y
dimos inicio a una expedición que duró 28 días.
Primero permanecimos una semana aclimatándonos
en Karkara, un poblado a 2.200 msnm. localizado en la frontera con
Kirgistán, famoso por sus pastos de un metro de largo llamados
jailús. De ahí, viajamos en helicóptero al
campamento base, ubicado donde nace el tercer glaciar no polar más
largo del mundo, el Inilchek, y a los pies mismos del Khan Tengri,
la segunda cumbre más alta del Tian-Shan (el mayor es el
Pobeda, con 7.439 m).
Estuvimos tres semanas intentando esta montaña, en las cuales
pasaron muchas cosas. Hicimos amistades, capeamos tormentas, subimos,
bajamos, en fin, jugamos con la ilusión de una cumbre rebelde.
Pero nos fue mal; no lo subimos. En parte por el mal clima, en parte
por la dificultad misma de la ruta. Sin embargo, esta vez no hubo
mucho dolor en el fracaso, porque el verdadero vino de la mano de
la tragedia al ver que uno de nuestros amigos no volvió.
Una expedición marcada por la tristeza y de la cual salimos
con la certeza que vivir es un privilegio.
 Grandes
Narices
Una vez que volvimos a Karkara, decidimos regresar a Almaty haciendo
una larga vuelta por Kirgistán.
¿Qué sabíamos de este país? No mucho.
Más pequeño que Chile (como la segunda y tercera región
juntas), con 5 millones de habitantes, poco desarrollado, netamente
enfocado al turismo (su única ventaja comparativa) y con
una democracia no reconocida del todo (debido a que en las últimas
elecciones no hubo garantías plenas). Un país montañoso,
amable y pacífico.
La agencia se llevó nuestros bultos, así es que nosotros
cruzamos el puente fronterizo solamente con una mochila pequeña.
Viajar ligero, utopía hecha realidad.
Al subirnos a un viejo bus, bajo las miradas de extrañeza
de los pasajeros, tardamos en hacerle entender al chofer que no
teníamos soms (la moneda oficial de Kirgistán), sino
que tenges (la de Kazajastán). El tipo nos ladraba, pero
al final llegamos a un acuerdo que nunca entendimos bien. Choferes.
Esperábamos un viaje hacinado. Y lo fue. Muchas mujeres con
niños, bastantes adultos pasándose botellas de leche
fermentada. Las primeras siempre sentadas; los segundos, de pie.
Cuando podían, los hombres se sentaban en las rodillas de
otros varones.
La gente amable a más no poder. ¿De dónde veníamos?
"Chili", hablaba yo; "Niet", me respondían.
Si eso no funcionaba, decía "Amerika", (así,
cargando bien la "k", como en las películas), "ahhhh",
coro general.
Vaya uno a saber qué pensaban.
Cuando el bus bajó de las montañas,
se vació lo suficiente como para sentarme y observar la fenomenal
mezcla racial: los eslavos con ojos claros, tez blanca y rubios;
los de ascendencia turca, de pelo negro y piel obscura; los mongoles,
con evidentes ojos rasgados y siempre riéndose de lo grande
que son las narices de los occidentales.
El Gran Lago Alpino
Nuestra primera parada fue en Karakol, una pequeña ciudad
de unos 65.000 habitantes ubicada en los lindes del Tian-Shan. Una
base perfecta para iniciar caminatas, pero nosotros, saturados del
Khan Tengri, sólo nos dedicamos a dormir y comer tomates
con empanadas.
Cuando estuvimos más recuperados, seguimos
viaje hacia el oeste, con la intención de visitar la que
es, quizás, la principal atracción turística
de Kirgistán: el lago Issyk-Kul. Su fama advierte que se
trata del segundo lago "alpino" más grande del
mundo (el Titicaca sería el primero), con 170 kilómetros
de largo por 70 de ancho. Como está absolutamente rodeado
de montañas, no tiene ningún río que lo desagüe,
lo que explica su salinidad. 
Para visitarlo nos alojamos en un poblado rural llamado Kaji-Say.
La oficina de turismo nos había reservado con antelación
un cuarto en la casa de una familia, a unos 8 dólares por
persona por día, más que razonable, considerando que
la alimentación estaba incluida.
Y, ¡ayayay!, vaya que hubo comida: seis platos al día.
Algo parecido a cazuelas en las mañanas, pan con mantequilla
y café al mediodía, arroz y ensaladas al almuerzo,
algo parecido a los churrascos patagónicos a la hora de once,
más cazuela en la noche y, antes de dormir, té, pan
y mermelada casera.
Es que la familia se desvivió por atendernos. Aunque no hablaban
inglés, con la ayuda de dos diccionarios se dieron a entender,
aunque a veces sus preguntas nos descolocaban; acostumbrados ellos
a vivir en un país multirracial, al ver que Patricia y yo
éramos levemente diferentes nos preguntaron si pertenecíamos
a etnias distintas.
En Kaji-Say visitamos la playa y el cementerio. En la calle, la
gente nos sonreía y los niños nos saludaban en inglés,
orgullosos de demostrar lo que habían aprendido en el colegio.
Emocionaba ver el esfuerzo que ponían.
Eterno Atardecer
Tres días y tres kilos despúes, nos fuimos. Esperamos
por el autobús en el camino y llegó puntual. Al subir,
por error le di al chofer más dinero del que correspondía,
pero me lo devolvió. Choferes.
Nuestra última parada fue en la capital
de Kirgistán, Bishkek, donde llegamos en medio de una tormenta
eléctrica digna de Asunción. Una ciudad grande, de
800.000 habitantes que, con matices, fue similar a Almaty: verde,
espaciosa, plana, aunque más barata. Dos días después
regresamos a Kazajastán.
Pero la aventura no podía ser tal sin el trauma del vuelo
final: cómo reducir los 80 kilos de equipaje que nos iban
quedando a los 20 por persona que las aerolíneas permiten.
Fácil. Primero, botamos todo lo innecesario; segundo, colocamos
las cosas más densas y no peligrosas en los bolsos de mano
y, tercero, nos vestimos con 10 kilos de ropa cada uno. Al arribar
al aeropuerto yo vestía zapatos de montaña, tres calzoncillos
largos, dos poleras, una chaleca, un gorro y la parka de plumas;
Patricia, idem. Como hacían 29 grados, al llegar al counter
después de una hora haciendo cola, ya estaba deshidratado.
Me dijeron que el sobrepeso era de 400 dólares, ¿están
locos?, te los dejamos en 250, que no, que sí, que no, bueno
ya. Toma; no, pásamelos por debajo del mesón.
Ya estábamos, pero en el último puesto de control,
el de migración, me detienen. Transpiro tanto que los oficiales
creen que algo me traigo entre manos. Me dicen que no tengo visa
para Alemania; Chile no necesita, no te creo, sí, no y así.
Veinte minutos después y un litro menos logramos subir al
avión.
Y al despegar, un regalo de ensueño. Como partimos al atardecer
viajando hacia occidente, la puesta de sol duró diez horas.
Vaya despedida.
Rodrigo Fica
DATOS PRÁCTICOS
Información
El idioma oficial de Kazajastán es el Kazak;
en Kirgistán es el Kirgiz. Sin embargo, el denominador común
es el ruso. El alfabeto dominante es el cirílico, ya sea
en su forma pura (la rusa) o bien modificada (adaptada a cada país).
En Kazajastán el verano (julio, agosto) es caluroso (máximas
promedio de 36°), pero los inviernos son helados. Las lluvias
en las estepas alcanzan menos de 300 mm. anuales (normalmente producidas
por violentas tormentas tropicales), pero en los alrededores de
las montañas llega a 1.500 mm. Kirgistán es similar.
En Kazajastán, el 47% de la población es musulmana;
los cristianos ortodoxos son 44%. En Kirgistán, los porcentajes
son el 75 y 20%, respectivamente.
Un hotel con habitación doble, baño privado, desayuno
incluido, limpio, sale alrededor de US$30 dólares por día.
La visa de entrada simple a Kazajastán cuesta US$45; la doble,
US$65. La de Kirgistán, US$60. Hay casas de cambios en todas
partes.
En 1997, la capital de Kazajastán se cambió desde
Almaty a Astana (que significa "Capital"), la otrora Akmola.
Recomendaciones
Hay cierto riesgo en visitar Asia Central. Terrorismo, disputas
étnicas y guerras civiles ocurren recurrentemente. Averiguar
el estado actual de los conflictos es importante a la hora de planificar
un viaje hacia el área.
Es muy útil aprender la conversión entre los alfabetos
cirílicos y latino. No es tan difícil cómo
parece y permite ahondar un poco más en la comprensión
cabal de los países que se visitan. O sea, evita tener cara
de perdido.
Es importante que si se llevan dólares, éstos se encuentren
en buenas condiciones, sin marcas y de las últimas series.
De lo contrario, puede ser imposible cambiarlos.
La mejor agencia de turismo aventura en Kazajastán es "Kan
Tengri". Aparte de organizar expediciones de montañismo,
también ofrece caminatas, heli-ski y visitas a los glaciares
de Tian-Shan. Otra buena opción es "Karakol", de
Kirgistán.
Si se viaja de a dos y se tienen temores acerca de la seguridad,
el compartimiento de 2 camas es la mejor opción para los
largos viajes en tren, ya sea Moscú-Almaty, Moscú-Bishkek
o Moscú-Tashkent (la capital de Uzbequistán). Esta
alternativa tiene todo lo bueno y malo de viajar separado de la
población local.
Los ciudadanos chilenos requieren Visa para entrar a estos países.
Condiciones y requisitos cambian frecuentemente y deben ser planificados
con tiempo. Hasta hoy, existe un odioso proceso llamado "registration"
que obliga a los visitantes a inscribirse en forma regular a medida
que se visita el país; múltiples reglas y excepciones.
El ecoturismo que ofrece Tian-Shan, con base en Karakol y Kaji-Say
es amplio y con participación de la comunidad: caminatas,
cabalgatas entre poblados montañosos, alojamientos al aire
libre, paseos en helicópero, rafting, pesca, visitas a granjas
locales, etc.
Cómo Llegar, Como Irse
Por vía aérea, una buena manera de arribar a Kazajastán
es vía Frankfurt (US$500, 7 horas de vuelo). Otra es a través
de Moscú (US$300) o San Petersburg (US$330), opciones que
permiten combinarlas con una visita a estas ciudades. British Mediterranean
tiene tres servicios a la semana desde Londres a Bishkek (9 horas
de vuelo).
El viaje en tren Moscú-Almaty cuesta 108 euros ida, por persona,
en un compartimiento para 4; en un camarote para dos camas, 156.
Salen día por medio a las 22:15 hrs. Las comidas no están
incluidas. Recorre 4.022 kilómetros, Dura 77 horas (3 días,
5 horas), y realiza 53 paradas, cada una de ellas predeterminada
y cumplida puntualmente.
Internet
Información de visas: http: //www.kyrgyzstan.org
Turismo aventura: http://www.kantengri.kz; http://www.karakol.su
Servicio de Ferrocarriles de Rusia: http://www.trainline.ru/
Agencia de viaje: http://www.centralasiatourism.com
Información turística sobre Issyk-Kul:
http://www.issyk-kul-info.kg
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