Anticristo: El Conflicto de Ser Supersticioso
La Columna del Anticristo
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El Conflicto de Ser Supersticioso
Por el Anticristo (julio 2009)
Joaquín Membrillo entra a la cancha y el estadio de fútbol estalla. Vemos por televisión de alta definición como este joven insaciable, y líder indiscutible del equipo, saluda a la multitud, toca la raya blanca con la mano izquierda, se persigna 3 veces y luego corre hacia el centro de la cancha, guiando a sus compañeros hacia el inicio de lo que él pretende sea una nueva victoria para la obtención del campeonato.
El partido comienza y la pierna se mete fuerte, mira que hay mucho en juego. Pero Membrillo se tiene fe y a los 23' del primer tiempo ya tiene la oportunidad que estaba esperando. Recibe una pelota con ventaja por la banda izquierda, le hace un caño a un defensa y, cuando se le acerca el otro, patea en dirección al rincón donde las arañas hacen el amor. Y gol. Golazo. Gol, gol, gol, goooooool... El estadio revienta y las graderías parecen venirse abajo. Bendito Membrillo, Dios te bendiga.
De ahí el partido cae en equilibrio táctico. Llega el entretiempo y después pasan rápido los minutos de la segunda etapa. Pareciera que no va a ocurrir nada más, hasta que faltando 10 minutos, un centro perdido que llega al área rival hace que Membrillo salte, sacándole los habituales 10 centímetros de ventaja sobre los defensas contrarios y, de un frentazo, marque el segundo tanto. Goooooooooooooool, gooooooooooool, goooooooooooooooooooool.
Después de eso el partido termina y, nada que decir, ganamos. Membrillo sale en medio de la ovación; es el héroe, la figura y, además, al hacer esos dos goles queda como el goleador del campeonato.
Ya en los camarines, en medio de ese olor mezcla de sudor, vapor y hongos, los periodistas hacen su trabajo y, era que no, Membrillo es el más solicitado. Rodeado de micrófonos y grabadoras, le preguntan por todo. Por ejemplo, qué paso esta temporada que está jugando tan bien. A lo cual contesta que es gracias a lo duro que ha entrenado, al apoyo de su papá, a sus compañeros, a los entrenadores, y también, lo más importante, es que ahora viste los mismos calzoncillos en cada partido, sin lavarlos. Y que al entrar a la cancha no olvida sagradamente tocar la raya blanca y persignarse 3 veces.
Todo con la mano izquierda, que si no, no funciona.
Bailando Bajo la Luna
Reírse de la ignorancia de los futbolistas sería muy fácil, además que injusto, puesto que dado que la mayoría de ellos vienen de estratos sociales bajos, burlarse de su falta de educación es cebarse en un defecto que está en la mayor parte de los chilenos. Y los montañistas no están muy alejados de tal origen, así es que, amigos míos, por ahí no va la cosa.
El foco de la parodia es otro: apuntar a lo enraizado que están las supersticiones en nosotros. Ponerle dinero a los budas, comer lentejas el año nuevo o leer el horóscopo, son sólo algunos ejemplos de costumbres que hemos adquirido como tradiciones y que, dicho francamente, no tienen sentido. Membrillo está jugando bien porque entrenó y se motivó más, no porque sus calzoncillos estén distorsionando el entramado del espacio-tiempo, ni tampoco porque tengan características especiales que les den prioridad para una intervención divina.
Tarot, brujería, patas de conejos, herraduras, astrología... Puras patrañas. Mentiras. Demostrado una y mil veces, a pesar de lo cual aún así la gente colectivamente sigue creyéndolas. O, la versión agraviosa, usándolas. Esto es, llevarlas a cabo a pesar que se sabe que no sirven de nada. Lo que sí al menos las más estrafalarias han caído en el olvido, puesto que hoy nadie en su sano juicio mataría una cabra y examinaría sus entrañas para saber si le va a ir bien en la PSU. Pero igual, entre eso y algo más contemporáneo, como el Tarot, no hay mucha diferencia en términos de estupidez.
Las razones que explican este comportamiento no son desconocidas. El Hombre requiere algo a lo cual aferrarse cuando enfrenta el vacío del futuro. Necesita reafirmación y confirmación. Desea, quiere, anhela, pide que alguien o algo le diga que todo va a estar bien, que mañana será un día mejor, que el sufrimiento se acabará. Una mano que lo lleve y le haga sortear las vicisitudes del vivir.
Miedo absolutamente entendible derivado de aquellos tiempos en que a duras penas lograba escapar de los tigres de sable y se refugiaba junto a su clan arriba de un árbol. Quedándose ahí por días sin nada para comer, acechados por esos hambrientos felinos que sabían que tarde o temprano algo caería.
Estando así, complicado, compadre, hasta yo mismo le bailo al tigre con un panal de avispas en la cabeza a la luz de la luna, si es que eso me soluciona el problema.
Quererme a Mi
Entender es una cosa; aceptar, otra.
Especialmente, y aquí entramos en lo nuestro, en las actividades al aire libre. Es más, creo que lo que en el fútbol podría ser una tonta muletilla, en el montañismo y la escalada es derechamente contraproducente. En lugar de fortalecernos, nos debilita.
Me explico. Hasta hace poco tiempo atrás yo hubiera jurado que los montañistas casi por definición no eran supersticiosos. Muy rara vez vi a alguien que siguiera esos patrones de conducta y, si lo hacían, eran realmente excepciones. Sí, estoy de acuerdo, es frecuente ver que la gente rece y se comunique con su Dios, pero esta conducta, creo yo, más bien está relacionada con la espiritualidad que en la profusión de actos mágicos. El ejemplo clásico de esto es que cuando se está en problemas, típicamente uno le implora a su Dios cosas como "dame fuerzas", pero no "haz que caiga una cuerda del cielo". Aunque quizás con este comentario me estoy saliendo de la línea y cayendo en arenas movedizas, puesto que, lo sé, no son pocos los que afirman que las religiones son nada más que actos elaborados de superstición, ya que también, después de todo, no hacen más que entregarnos otros puntos de apoyo (aunque, claro, de naturaleza mucho más sofisticada que, por ejemplo, el mazo de un naipe).
Mejor volvamos a lo nuestro. La razón por la cual las supersticiones son raramente vistas en el montañismo es simple: aquí TODO gira en torno al "poder hacer yo". Eso es lo primero, lo básico: el hecho que la misma persona pueda ser capaz de caminar, subir, bajar, escalar o esquiar. No otro, ni una máquina; sino que uno mismo. Eso es lo que nos define, y también, lo que nos hace sobrevivir. Que si no, entonces usaríamos una moto para subir la colina o seguiríamos las actividades por televisión.
Poder hacer significa, además, estar convencido de poder hacerlo, aunque después se falle, puesto que "intentarlo", al menos desde este punto de vista, es nada más que otra forma de convencimiento (es decir, al menos tuve la confianza suficiente como para probar).
Para cumplir los objetivos que los montañistas se trazan, es necesario tener la capacidad física y técnica, pero estos factores, por muy fundamentales que nos parezcan, no son suficientes si no van acompañados de virtudes como coraje, voluntad, disciplina, motivación y ¡pasión! Cocktail que construye la cualidad de la Autoconfianza, la cual es la verdadera y última herramienta con la cual se puede mover el mundo. Mil veces demostrado en mil épicos ascensos, cuando, a pesar de tener todo en contra, el "milagro" se produce. ¿Suerte? ¿Intervención divina? No. Nada más que el resultado de la completitud de nuestras capacidades, nunca mejor expresadas en el saber que lo imposible puede ser alcanzado (después de lo cual, obvio, a veces sí tener un poco de suerte ayuda).
Parece muy teórica la explicación y, disculpen, quizás la sea. Pero necesaria para llegar a revelar por qué si el individuo no cree en sí mismo, o no se tiene confianza, nada podrá hacer. Ni la suerte, ni rezar, ni los calzoncillos de Membrillo lo harán llegar a esos lugares que su mente se rehúsa a imaginar.
Comentario especialmente pertinente en ambientes en que progresar sobre el terreno es objetivamente difícil y peligroso. Como, por ejemplo, en la escalada en roca.
Las Desventajas del Polvo Blanco
Estar colgando de las manos y los pies en apoyos mínimos no puede ser mejor test para probar cuánta confianza se tiene uno mismo, puesto que sin ella, por mucha fuerza que se tenga en los brazos, no se va a llegar a lado alguno. Y eso mismo explica porque los escaladores no requieren ni caen en las supersticiones; saben muy bien que el 5.12 no se les va a hacer más fácil por llevar 3 patas de conejo en el cuello.
Sin embargo, curiosamente, justo en una actividad donde más debiera primar el poder mental y la concentración, está apareciendo algo que erosiona precisamente esa vital autoconfianza. Me refiero al uso y abuso del magnesio.
Llevado dentro del puf colgando detrás del arnés, comenzó a ser utilizado como una solución para evitar la excesiva sudoración de las manos, aspecto que en el peor de los casos (mucho calor, vertiente al sol, ruta difícil) inclina la balanza entre triunfar o perder; o incluso, vivir o morir. En tales casos, untarse los dedos con esta sustancia permite secarlos y luego, obtener mejor agarre, sensibilidad, tacto y tracción.
Sin embargo, emplear magnesio tiene desventajas y en los últimos años han aparecido serias críticas por su uso exagerado. La principal objeción se centra en su contaminación, visual y efectiva, pero hoy NO deseo referirme a este aspecto pues requiere más espacio del que estoy dispuesto a dedicar (pero que quede constancia que es un punto válido: usar magnesio contamina).
También se afirma que no limpiar la ruta, del magnesio que allí queda, delata la secuencia de movimientos necesarias para escalar una ruta, haciendo que una buena parte de las escaladas "a vista", en realidad, no lo sean tanto, puesto que poco menos que basta pararse a pie de vía y seguir las manchas para resolver la secuencia de movimientos. Casi como si hubieran puesto letreros verdes con flechas: pon el dedo aquí, usa la mano allá. Esta crítica también es válida y podría adquirir relevancia en el futuro porque distorsiona en cierto grado el resultado deportivo; habrá escaladores que serán capaces de puntear rutas sin esa ayuda visual, mientras que otros no, y, como siempre, nuestra comunidad deberá distinguir a los primeros por sobre los segundos. Pero este aspecto, al igual que antes, tampoco lo voy a profundizar hoy.
La tercera crítica, y la que sí me interesa discutir, es que el magnesio se está transformando en un amuleto de la buena suerte, y eso sí que me violenta. Que una persona, a pesar de tener las capacidades evidentes para resolver los problemas que una ruta le pueda presentar, se acobarde sólo porque no tiene colgando el puf de su arnés. Que llegue a decir antes de partir, con voz afeminada, "Ay, Julio Alberto, como se me olvidó traer magnesio, entonces me va a ir mal".
Blanca Pata de Conejo
Estoy consciente que la discusión se da en un área gris. Efectivamente si un escalador está intentando realizar el primer 5.15 de Chile en una vía que recibe el sol, y además es una persona que suda mucho, claro, el magnesio aquí será tan obligatorio como el resto del equipo que potencia el rendimiento del escalador: las zapatillas (factor que, dicho sea de paso, es mucho más importante), el arnés, la cuerda o el asegurador (que también importa).
Por ello es que desde este punto de vista (el magnesio como debilitador de nuestra confianza) la discusión no se centra en la disyuntiva "usar o no usar", sino en algo mucho más sutil: tener claro quién domina a quién. Si el individuo es competente y puede escalar en diversos terrenos y escenarios, en teoría, tenderá a usar el magnesio sólo cuando el mix de factores lo requiera; y cuando no, lo dejará en la mochila sin drama y escalará sin ansiedad. Eso es tener el control de la situación, puesto que es el escalador quien domina a sus herramientas.
Que es distinto a lo que está ocurriendo hoy, en que el tipo TIENE que llevar magnesio SIEMPRE, sin importar dónde ni cuándo. Da lo mismo si es un 5.6 o un 5.13, al sol o en la sombra. No. Tiene que usarlo sí o sí, y aquí, el argumento de "es porque me sudan mucho las manos" es débil, pues, aunque esto pueda ser verdad en cierto grado, en el fondo estamos disfrazando el triste hecho que no podemos escalar sin magnesio. Sea o no sea necesario. O sea, una falta de confianza en nosotros; es decir, una droga.
El mejor ejemplo para demostrar porque lo de la "sudoración" es un pretexto, lo pueden encontrar en un domingo cualquiera en invierno en las Chilcas. Idealmente uno en el que haya hartos escaladores. ¿Digamos unos 200? Díganme ustedes si es razonable que de ese total el 95% use magnesio. ¿Están todos escalando un 5.15? ¿Al sol? ¿Son todos personas de sudoración excesiva?
En este escenario, donde analizar los casos individuales no importa pues tenemos número suficiente de personas para visualizar la tendencia, ¿qué creen ustedes que es más probable? ¿Que el magnesio esté siendo utilizado porque sea vital? ¿O bien porque derechamente es una mala costumbre?
Y no me contesten. No es necesario. Sólo estadísticamente hablando está clara la respuesta: es una distorsión. Aún colocando a todos los escaladores al sol en rutas difíciles, todavía así es imposible que sólo a 10 de ellos le suden las manos.
Alumni
También se ve claramente esta situación en quienes están empezando a escalar.
Si los profesores tienen la precaución de poner el acento en que es uno el que manda, y que el equipo y la técnica están a nuestro servicio y no al revés, en el largo plazo los escaladores resultantes terminarán teniendo mejor performance, y con respecto al magnesio, podrán escalar bien con o sin él.
Por el contrario, quienes desde un principio lo usan, aunque sea para hacer un top-rope en un 5.4, asociarán inconscientemente la pérdida de miedo (y la incomodidad propia de salir del área de confort) por el "mágico" hecho de tener el magnesio en sus dedos. Y cuando ese reflejo ya esté condicionado, que se da muy pronto en el proceso educativo, olvídalo, no habrá manera de hacerles ver a la parte racional de su ser que si están escalando mal en un día en particular, no se debe a que olvidaron el puf en casa. Ni que tampoco porque Saturno esté en conjunción con la Luna o porque Joaquín Membrillo lavó sus calzoncillos.
Pero no entenderán. Sencillamente ya es demasiado tarde y no escucharán argumentos, salvo buscar desesperadamente que alguien por ahí les preste un poco de polvo mágico para que sí ahora puedan escalar mejor.
Dicho lo cual, por favor no me interrumpan más y pásenme luego el magnesio para poder escalar tranquilo de una vez por todas esta ruta, el más difícil 5.3 que existe en el Hemisferio Sur.