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Superclimber
Por el Anticristo (enero
2006)
Como varios de ustedes ya saben, desde
hace algún tiempo vengo entregando premios a lo mejor del montañismo nacional.
Lo hago dos veces al año, aglutinando lógicamente las temporadas que tienen
características afines.
¿Qué por qué lo hago? Buena pregunta. Pero a diferencia de lo
que decía un profesor mío ("las buenas preguntas son aquellas que no
tienen respuestas") ésta sí tiene una. Y bien sencilla por lo demás.
Lo hago porque me harté de ver cómo los medios de comunicación
siguen celebrando estupideces.
Definitivamente se demoró demasiado la aparición de prensa
especializada que trajera algo de lógica a la vacía cobertura que se hace hoy
en día, lo cual, por si no fuera poco, también tiene su cuota de responsabilidad
al llegar la hora de premiar a los mejores. Las elecciones en los últimos años
han sido, por decir lo menos, pésimas. Poco rigurosas, incoherentes, plagadas
de vicios.
Mis galardones intentan humildemente traer algo de equilibrio y
justicia. A ellos no se postula, no son amigos míos, no se acepta lobby y no se
toma en cuenta género, edad, difusión, fama, belleza, grado de inteligencia,
creencias o afiliación política.
Es nada más y nada menos que la búsqueda de los excelentes.
Ginecología
Ahora, todo premio que aspire a ser respetado debe hacer
público qué es lo que premia y qué criterios utiliza para hacer las respectivas
calificaciones.
Por eso hace algunos meses me di el trabajo de analizar el tema
de la PAPA (como paso previo para determinar la “Mejor Expedición”), y por eso
ahora me aboco a analizar el Ajo de Molibdeno, el laurel para el "Mejor
Deportista".
Lo primero a determinar (¿qué es lo que estoy premiando?) es
fácil: sencillamente identificar a la persona que llegó más lejos, al que nos
dejó con la boca abierta, el que colocó el listón un poco más arriba. El tipo
que es superdotado en cuanto a su lenguaje gestual, pero que también supo
complementarlo con creatividad, coraje y carácter. Es el que típicamente va
como primero de cuerda, el que puntea el largo más difícil, el que convence a
los demás de volver cuando se ha fallado ya varias veces.
Razones como las anteriores son las que descartan casi de
inmediato a los clientes de grupos comerciales, a jefes de expediciones
grandes, a dueños de empresas relacionadas o a figuras de la farándula. Tampoco
apunta a premiar el trabajo de instructores, guías o autores.
Hasta ahí, todo claro. Pero ¿cómo hacerlo para dar con el
indicado?
Bueno, de partida habría que obviar el temita ese de "las
capacidades". Cosas como "yo podía”, "el clima no quiso” o
"no seguimos porque era fácil". Esos comentarios no sirven; son
irrelevantes. Lo que mandan son los hechos; puros, concretos y precisos. ¿Qué
subieron? ¿Por dónde? ¿Con quién? ¿Cómo? ¿Cuándo?
Al responderlas tendremos una idea inicial del valor de la
actividad, luego de lo cual se trata de hacerla calzar dentro de lo que el
resto de la comunidad ha realizado. Ahí es cuándo comenzamos con las
comparaciones, las cual deberían ser hechas en base a un conjunto preestablecido
de criterios.
Dicho sea de paso, a veces son éstos, y no el proceso de
selección mismo, los culpables de las malas elecciones, porque el “jurado”
respectivo no hace más que evaluar siguiendo las directrices que se les
impusieron. De ahí se entiende lo importante que es contar con “buenos”
criterios y “buenos” evaluadores para generar resultados presentables.
En mi caso, los criterio que el Ajo de Molibdeno utiliza son:
a) permanencia: el éxito deportivo debe extenderse durante
una buena parte del período de evaluación (en mi caso, 6 meses). Ha de
favorecerse a aquellos que mantienen un alto nivel por la mayor cantidad de
tiempo posible. Hay que evitar premiar "pastelazos", porque en
montañismo es muy fácil "esconder" el verdadero desempeño deportivo.
Típico caso del "escalador" que llega a la cumbre de un 8.000 luego
de jumarear los 5.000 metros de cuerda fija que le pusieron sus compañeros.
b) aporte: obvio, para merecer un premio, los logros deben
ser “buenos”, sobresalientes, un aporte al montañismo de Chile. ¿Qué califica?
Bueno, dado que el nivel nacional es malo, aquí la manga es ancha; casi
cualquier cosa que no haya sido hecha antes: una ruta nueva, un cerro virgen,
la repetición de una pared difícil, etc. No es necesario haber tenido 100% de éxito
en todo lo que se intentó (de hecho, eso raramente ocurre).
c) polifacetismo: el ideal del montañista moderno es aquel
que se desenvuelve proficientemente en distintos terrenos usando diversas
técnicas y novedosas modalidades. No sólo me refiero a escalada en roca y
hielo, sino que también a ascensos de altura, records de velocidad, travesías,
descenso extremo, navegación con parapentes, big-wall, invernales, en
solitario, etc.
Estos requerimientos los utilizo como una guía. Puede que un
candidato falle con una variable, pero su desempeño en las otras dos sea tan
superior que sirve para compensar. Quizás, si quisiera dejarlo más formal, una
regla para determinar quienes pueden postular sería que cumplieran con 2 de 3.
Cómo me gustan tanto las siglas, el criterio debería llamarse
¡PAP!
Históricamente
Analicemos ahora el comportamiento en el tiempo del premio
"Ajo de Molibdeno".
En la Temporada Alta 2002-2003 estuvo desierto. Para los que no
lo recuerdan, fueron los meses de Expedición Antártica, el Castillo por la Cara
Suroeste y una repetición a la Pared Sur del Morado. En aquella ocasión no hubo
ninguna persona que cumpliera "permanencia". Nadie que hiciera un
buen par de actividades en distintos lugares y tiempos.
Distinto fue en la Temporada Baja del 2003, cuando el premio
fue para Ignacio Morales, quien a pesar de haberse concentrado sólo en escalada
en roca en Europa, desarrolló durante varios meses tan buen nivel que se
compensó esa "aparente" debilidad.
En la Temporada Alta del 2003-2004 lo recibió Felipe González
Donoso, cuando llevó a cabo la Pared Sur del Morado en solo, la Torre Norte del
Paine por "Taller del Sol", un intento al Cuerno Central y una ruta
nueva a la Pared Sur del Arenas. Lo hizo distribuido homogéneamente en el
tiempo, con un gran número de aportes nacionales y siendo más polifacético que
Morales.
En la Temporada Baja 2004 comenzó el accionar de Andrés Zegers,
cuyo alto rendimiento se extendió por el suficiente tiempo como para hacerlo
ganar también el premio siguiente, el de la Temporada Alta 2004-2005. Para que
recuerden, sus logros fueron la primera ascensión de la cara Noroeste del
Ocshapalca, el record de velocidad a la Esfinge, el ascenso en el día del
Huascarán, el encadenamiento famoso (Arenas, Zanzi y San Gabriel), las 15 horas
y fracción de la Sur del Morado, una
ruta nueva al Loma Larga y el primer ascenso nacional a la Desmochada.
Este es el ejemplo
perfecto: actividad distribuida en el tiempo, varios aportes a la disciplina y
polifacético. Quizás lo único malo de este modelo es que su desempeño
opacó el de otros notables (como el de José Edwards o Carlos Pinto).
Finalmente, la Temporada Baja del 2005 se declaró desierta,
aunque por razones distintas a las del 2002-2003. Si bien hubo gente que hizo
de todo y permanentemente, el aporte deportivo fue menor porque los objetivos
intentados eran rutas y/o montañas ya largamente subidas.
Una Promesa es Una Promesa
Yo creo que premiar es importante. Me parece que, bien
manejado, es un refuerzo positivo que sirve para incentivar a que la gente
explote al máximo su potencial.
Lo triste es que estas instancias regularmente se desarrollan
en medio de ponzoñosas polémicas que sacan a relucir lo peor de la gente,
cuando justamente lo que se pretende es lo contrario. Para solucionarlo, bastaría
con sincerar más la situación y demostrar una mayor educación, a todo nivel, y
luego...
Pero de eso ya hablaré otro día. Lo prometo. Hoy prefiero
terminar con la imagen positiva de estos modernos gladiadores románticos que
vienen a refrescar el ideario de nuestro mundo.
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