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Argumentos de Peso
Por el Anticristo (febrero 2008)
Nunca está de más insistir en lo importante que es viajar ligero de equipaje. Llevar lo mínimo posible, ojalá tener la mochila vacía. Para moverse bien, sentirse cómodo, cansarse menos y, también, para evitar lesiones.
Una vez más, y como tantas otras veces, aplicando la vieja filosofía de hacer “más” con “menos”.
El Burrito de San Vicente
Por eso es que siempre he considerado un error, en el que caen varias organizaciones relacionadas con el mundo de la montaña, cuando no se pone el suficiente énfasis en este concepto.
Por ejemplo los cursos que NOLS dictaba (o dicta) en Chile, donde el tamaño de las mochilas llegó a ser legendario, llevando incluso rejas, bandejas, hornos, harina, y cuánta cosa fuera necesaria para improvisar una panadería móvil. Todo con la finalidad de entregar la exquisita experiencia de comerse un pan recién horneado en medio del Campo de Hielo Sur (aunque, claro, al costo de joderse las rodillas de por vida).
Los grupos de montañismo basados en la visión de Claudio Lucero (la antigua ENAM o en la otrora Católica), sin caer en la exageración anterior, eran la misma cosa. No era raro ver que ciertos “montañistas” echaran 3 kilos de papas (sino es que 4) para una salida de fin de semana. Todo, porque educacionalmente se cayó en el error de valorar la calidad del montañista según cuánto peso era capaz de transportar. Si querías ser tratado con respeto, no podías dejar de llevar menos de 40 kilos. De ahí precisamente nació la fama de “cachureros” con que se les ha asociado desde entonces.
Por lo mismo, también he estado en desacuerdo con la forma cómo se ofrecen los circuitos comerciales a las clásicas montañas de Chile, requiriéndose movilizar un pequeño ejército de camionetas, burros, caballos y porteadores, para poder tener mesas, sillas, luces, alcohol y comida de lujo. Según yo, un factor innecesario para demostrar un servicio de calidad porque, aparte de malcriar a los clientes, oculta la experiencia que precisamente yo más deseo transmitir; esto es tener que escoger un conjunto finito de cosas y luego tener que apañármelas con ellas durante varios días. Sin embargo, al menos con respecto a este punto, soy el primero en admitir que aquí el único que nada en contra de la corriente soy yo, porque en Chile sólo estamos replicando el servicio estándar internacional (que ustedes pueden ver repetido en Argentina, África o Himalaya).
Bueno, en fin, estos son desvaríos laterales, porque es otra cosa de lo cual quiero hablar hoy.
En La Otra Punta
Los casos anteriores representan un extremo del cual es fácil reírse por lo evidente (basta ver el tamaño de las mochilas). Lo interesante del asunto, es que al otro lado también hay un comportamiento igual de equivocado e inútil, pero que no es criticado por lo sutil.
Son aquellos montañistas o escaladores obsesionados con el peso. Aquellos que dedican buena parte de su tiempo y dinero a quitarle gramos a cualquier ítem que ose cruzarse ante sus ojos. Les cortan las etiquetas a la ropa, llevan poca comida, no cargan agua, usan una mochila ínfima, se cortan el bigote y hacen cualquier cosa con tal de, hipotéticamente, sentir menos peso sobre sus hombros.
Esta situación, por ir en la dirección correcta (hacer más con menos) es raramente cuestionada, pero, la verdad, también tiene sus problemas, todos ellos derivados a que muchas veces tal actitud más bien es la respuesta a una obsesión patológica que los está corroyendo y no a la idea de dar solución real al problema logístico al cual deberían abocarse (que es cómo acometer mejor sus objetivos).
En rigor, estas personas caen en 3 errores: son inconsecuentes, les falta pragmatismo y carecen de perspectiva, características que, como es habitual, explico a continuación.
Falta de Coherencia
Corrido Manuel y Pistol Pablo van a intentar un ascenso de una semana en invierno a la sur del Castillo y discuten qué llevar. La negociación es ardua y se van deteniendo en cada simple elemento del equipo de escalada. Sólo determinar si llevan el Camalot nº2 (72 gramos) o el Tricam Camp rojo (37 gramos) les toma 30 minutos. Tras horas de sesudos análisis, por fin tienen sus mochilas listas, contentos que cada una de ellas pesa 200 gramos menos que antes... Para luego, justo antes de partir, descuidadamente cada uno de ellos coloca su propio tubo de bloqueador solar en la tapa de la mochila (150 gramos cada uno) borrando así, de un plumazo, el esfuerzo que habían hecho.
O sea, si ya ambos se habían derretido los sesos tratando de disminuir el peso del rack, también deberían haber hecho lo mismo con la crema bloqueadora. Por ejemplo, llevando un pomo para los dos, o cambiar el envase, o, medida extrema entendible en escaladas ídem, sencillamente no llevar bloqueador (y protegerse la cara tapándosela con un pasamontañas delgado). Es decir ser CONSECUENTES con el criterio de selección con ¡todo! el equipo, y no sólo con aquello que parecieran ser más excitante (como son los mosquetones, los friends o las cintas).
El ejemplo podría continuar. Decidieron no llevar un mosquetón adicional para colgar los zapatos (40 gramos) porque las mochilas ya estaban muy pesadas, pero justo antes de tomar la carretera, Corrido Manuel se baja en la estación de servicio, compra El Mercurio de ese día y lo mete en su mochila (como era domingo... hablamos de 1 kilo). O que habían cortado las etiquetas de las chaquetas de goretex (peso "ganado"... 1 gramo), pero Pistol Pablo quiso llevar una polera de algodón para cambiarse (la cual, mojada, pesa ¡350 veces más!)...
Resumiendo. Si se está abocado a la tarea de disminuir el peso, se deben aplicar las mismas reglas a TODOS los elementos que se van a colocar en TODAS las mochilas. De lo contrario, los beneficios obtenidos en un recorte se diluyen.
Falta de Pragmatismo
Volvamos con Pistol Pablo y Corrido Manuel.
Éste había hecho un pequeño sacrificio económico y, tras leerse 6 catálogos, 5 revistas y 2 libros, decidió comprarse 20 mosquetones Camp NANO (23 gramos c/u) para reemplazar los 20 Black Diamond Light D (50 gramos c/u), esfuerzo que le significará cargar 540 gramos menos en su mochila... Algo que, al contrario de lo que pareciera, sirve de poco si es que Manuel sigue usando la misma mochila, los mismos crampones y los mismos piolets que tenía a principios de la década del 90. Esto es: una mochila Gregory Denali Pro (3 kilos y medio), una pareja de Charlet Mosser modelo Pulsar (1.600 gramos) y sus crampones CAMP (1.200 gramos).
Si en vez de haber hecho eso hubiera comprado (y sólo lo cito a modo de ejemplo porque no me estoy ganando comisión alguna) una mochila Ferrino Voyage (2.600 gramos), dos piolets Petzl Aztar (590 gramos c/u) y un par de crampones CAMP Vector (880 gramos), habría recortado 1.640 gramos, ¡tres veces más que todo lo que logró al cambiar los mosquetones!
Lo ideal es hacer ambas cosas, pero ¿por qué Corrido Manuel no lo hizo? Sencillamente porque no le alcanza el dinero. Simple.
Algo que pasa habitualmente, porque el normal de los montañistas nunca va a tener todo los recursos económicos del mundo para estar cambiando a cada rato su equipo con lo más liviano que el mercado pueda ofrecer. Por eso mismo es que precisamente se ha de priorizar, centrándose primero no en aquello que parece ser más "entretenido" (el rack), sino en los elementos que proporcionalmente más me están ayudando a disminuir el peso transportado.
O sea, hay que ser pragmático. ¿No puedo hacer todo? Bueno, entonces me enfoco en lo importante.
Falta de Perspectiva
A nuestros amigos les fue mal en el Castillo, por lo que, a la semana siguiente, con ganas de sacarse la espina y aburridos de cargar tanto peso, decidieron hacer algo más "liviano" y se fueron al Parva del Inca. Esta vez fueron consecuentes (compartieron bloqueador solar), pragmáticos (se compraron crampones nuevos) y, como son tan admiradores de Mark Twaight, decidieron no llevar cuerda, porque hacerlo, obvio, hubiera significado haber ido "pesados"...
Se mamaron la larga aproximación y dejaron atrás a un grupo de cachureros de la Católica, para llegar a la rimaya superior y encontrarla, tan seca y cortada, que no pudieron pasarla porquen no llevaban... cuerda. Ya de regreso en el valle, con la cola entre las piernas, alcanzaron a escuchar los gritos de alegría de los cachureros cruzados que estaban llegando a la cumbre en esos instantes, tras haber convenientemente equipado la grieta con la cuerda que llevaban.
¿Cuál es el punto aquí? Que no hay que confundir el objetivo que tengo con los medios que he de utilizar para hacerlo realidad. Llevar menos peso no debiera ser nuestro propósito último, sino que uno de los medios (hay otros) que utilizo para tener éxito en lo que pretendo. En el caso de Pistol Pablo y Corrido Manuel, antes de partir al Parva del Inca se enfrascaron tanto en el tema de ir con menos peso, que perdieron de vista que más importante que eso era subir el cerro (meta que ellos mismos se habían planteado). Sí, haber llevado una cuerda hubiera significado haber ido un poco más pesados, pero... habrían llegado a la cumbre.
Por eso es que a veces vale la pena cargar dos mosquetones de más, que permitirán, por ejemplo, colocar mejor los tornillos en el arnés evitando que una mala maniobra los bote. O llevar el shunt en vez de usar cordín para rapelear, porque hará las cosas más rápidas y me permitirá salir de la Pared una hora antes.
Recuerden que la gran mayoría no estamos haciendo Montañismo con el objetivo de caminar más livianos, sino que para cumplir nuestros sueños. Luego de lo cual, ahora sí, habitualmente se necesita ir lo más liviano posible.
Un Nuevo Lema
La discusión acerca de cómo rebajar el peso de una mochila debe ser consecuente, pragmática y con perspectiva. De lo contrario, sólo es una catarsis: alivia obsesiones pero no nos hace caminar más livianos (décimo quinto lema del Anticristo).
Dicho eso, si me disculpan, me tengo que ir ahora mismo a cambiar la mochila, los piolets y crampones que llevo usando por más de 18 años...
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