Anticristo: Particular, Incompleta, Desordenada
La Columna del Anticristo
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Particular, Incompleta, Desordenada
Por el Anticristo (agosto 2003)
En las columnas anteriores se habló de la muerte y de la tendencia que tienen ciertos montañistas, talentosos e impacientes, por irse a la tumba antes de tiempo. Los llamados Montañistas Alfa. Tiempo después, casi por inducción, llegamos a crear a los Beta, igual de proficientes que los Alfa, pero más sensatos, lo que en Montañismo es sinónimo de sobrevida.
Pasar de Alfa a Beta no es fácil. En nuestro país, hoy, es un proceso aleatorio que simplemente ocurre a medida que el individuo madura a golpes, cuestionable método que cobra cuotas en vidas humanas.
Si quisiéramos proteger el proceso y hacerlo más inocuo, la solución real sería mejorar la educación formal de los Alfa. Pero como existen problemas prácticos para llevarlo a cabo y, además, el proceso educativo no puede alargarse infinitamente, su desarrollo ulterior queda supeditado a su propia iniciativa y motivación.
Por lo tanto, lo único que podemos hacer es crear conciencia. Así, aumentarán las probabilidades que los Alfa o proto-Alfa corrijan actitudes inconvenientes.
Inserto dentro de esta campaña, y como paso final para cerrar este tema, aquí tienen mi particular, incompleta y desordenada lista de recomendaciones destinada a estos jóvenes impetuosos. Nacida de los dolores de un otrora Alfa, es tan buena o mala como cualquier otra.
¡Oreja, pestaña y ceja! Los puntos que verán a continuación no se centran en temas técnicos, tales como “rapelear en medio de la tormenta” o “los mejores nudos”, porque para eso basta con revisar cualquiera de los cientos de manuales que ya existen.
No. Lo relevante aquí son los conceptos, luego de lo cual, claro está, cada uno de nosotros podrá aterrizarlos de la forma como mejor estime conveniente.
Aquellos Castillos en el Aire
Más de alguna vez debes haber escuchado el eslogan que dice que las montañas están ahí, que no se mueven, que siempre puedes regresar a ellas. Frase que intenta reforzar la idea que no es necesario tomar riesgos excepcionales en un ascenso, porque, como dice el indio, si montaña no querer, volver siempre poder.
Pero, ¡oh!, para variar, discrepo.
Obvio que desde el punto de vista tridimensional, las montañas no se cambian de sitio como quien se cambia de barrio. Pero existen dos casos que contradicen al anterior consejo.
Primero, porque tenemos montañas y/o rutas que sólo pueden intentarse una vez en la vida, y, segundo, cuando el objetivo propuesto lleva implícito el hecho de ser “el primero” en algo.
Ejemplos sobran. Para el primer caso, está el archiconocido Everest, cuyo costo por la ruta del Khumbu para un grupo de 7 personas se mueve alrededor de los US$300.000. Un cupo en una expedición comercial, por otro lado, cuesta US$65.000, pero sin contar la vestimenta, el pasaje aéreo y los seguros.
Puede que la montaña no se haya movido en los últimos diez millones de años, pero, en la práctica, si ya intentarlo una vez es difícil, dos está fuera de discusión. Al menos para el montañista chileno estándar, aquel que no cuenta con los recursos necesarios para acometerlo (esto explica porqué muchos escaladores nacionales, en lo más recóndito de su corazón, ya han abandonado la idea de subir el Everest).
Un ejemplo de la segunda excepción a la regla es el caso en que se desea ser el primero en subir una cumbre y existen otras personas interesadas (los cuales a la larga se transformarán en rivales).
Esta competencia forzará el timing de todos y será un terreno fértil para las situaciones tipo “ahora o nunca”. Como le ocurrió a Bonington en la Torre Central del Paine cuando llegó la Expedición Italiana, o a las múltiples cordadas europeas empeñadas en lograr el primer ascenso de la Pared Norte del Eiger.
Por esto es que, a veces, más que entes físicos absolutos, las montañas son como castillos en el aire. Hoy aterrizan aquí y mañana quién sabe donde estarán.
¿A qué viene todo esto?
A que, si se acepta lo anterior, queda claro que nuestros objetivos pueden ser clasificados en dos. Aquellos que son LA oportunidad de una vida, y aquellos que no lo son.
Pues bien. Exagerando un poco, para el montañista Alfa todas sus actividades pertenecen al primer grupo. Cada ascenso que intenta le es de vida o muerte y fuerza el éxito hasta ser imprudente. Sencillamente no asimila que algunas cosas son menos importantes que otras.
¿Mi consejo? Simple. Saber dosificarse. Identificar si cada nuevo desafío es una oportunidad única (en cuyo caso habría que entregarlo todo), o si se trata tan sólo de un ascenso más (ergo, y como dijo McArthur, volveremos).
Si estás intentando hacer el Glaciar de la Paloma en el día y no te resulta, ¿cuál es el problema? ¿Qué te apura? Baja a la ciudad, descansa una semana e inténtalo de nuevo. No es necesario seguir trastabillando hacia arriba en medio de la tormenta, debilitado por una deficiente preparación.
Pero si es tú último día en la Pared Sur del Annapurna, si existe una mínima oportunidad y si tú crees en ella, aún a sabiendas que tu vida corre peligro, pues hombre, anda, juégatela.
El Segundo Lema del Anticristo
Nadie, ni Kukuska, Messner o Maestri, tuvieron éxito en todo lo que se propusieron.
Sólo por citar un ejemplo, miren a Mark Twaight, que tanta fascinación causa a los anarquistas. Ok. Obtuvo fama, dinero y mujeres cuando abrió una nueva vía en la Aiguille des Pèlerins, llamada “Beyond Good and Evil” (600 m., V/5+/A3). O cuando escaló la Variante Checa a la vertiente sur del Denali en 60 horas non-stop (2.400 mts., V+, 90°, M5). Pero deben recordar que también intentó la Arista Cassin a la misma montaña y fracasó. Intentó la Cara Suroeste del Khan Tengri y fracasó. Intentó el Nuptse Este I y fracasó.
No estoy diciendo que sea un alpinista sobredimensionado. Nada más lejos de mi intención. Si lo comento es para señalar que el Alfa, cuando se motiva con este tipo de ejemplos, sólo tiende a considerar los éxitos, obteniendo con ello una imagen distorsionada de la realidad porque olvida ponderar los fracasos, los cuales también forman parte de la historia.
Además, al cometer este pequeño desliz, refuerza su ya sobredimensionada intolerancia al fracaso. Eso explica en parte porque al Alfa le cuesta tanto desistir de un ascenso, aunque el cerro se esté viniendo abajo junto con las trompetas del Juicio Final (y aún así diría que se puede).
Quizá deportivamente hablando es un fracaso regresar sin una cumbre. De acuerdo. Pero, ¡hey!, es parte del juego. No es el fin del mundo.
Tan convencido estoy de lo anterior que este concepto lo considero el Segundo Lema del Anticristo: imposible triunfar siempre.
Un Problema Clásico
Confundir la “Capacidad” con la “Posibilidad”.
El típico ejemplo se da cuando le toca al Alfa liderar un largo de cuerda. Sale de la reunión y progresa rápido sin colocar ningún seguro intermedio. Si le preguntas la razón, contestaría que “porque es fácil, y no me voy a caer”.
¡Pero por la gran remadre tarada de Putaendo! ¡Qué imbecilidad! ¿Dónde tiene su cerebro quien dice eso?
¡El sistema de seguridad que rodea a una cordada a medida que progresa es precisamente eso: seguridad! Su uso es para brindar un respaldo adicional a la habilidad del escalador, y no algo a utilizar solamente porque se tienen dudas de si se podrá realizar o no el siguiente gesto técnico.
Qué yo pueda subir por una fisura (Capacidad) no implica que controle otros factores que puedan hacerme caer (Posibilidad). ¿No lo crees? ¿Qué me dices de una abeja a la cual se le ocurra picarte justo cuando estás haciendo un movimiento delicado? (ha ocurrido). ¿Un agarre que se sale? (ídem anterior). ¿Una roca que te golpea desde arriba? (ídem ídem).
Estoy consciente, y acepto, que el concepto de fácil es relativo. También que a veces los escaladores se proponen ciertos objetivos que no permiten una colocación de seguros ideal. Como por ejemplo, rutas alpinas comprometidas, récords de velocidad, free solo y otras. Pero éstas obedecen a una decisión previa, planificada, asumida ANTES de partir.
También a veces uno no coloca una pieza específica porque la requiere para más arriba o porque está ante una situación especial que exige salir rápido de la ruta (como por ejemplo, ante la amenaza de una tormenta).
Cierto. Por eso yo no estoy regalando recetas tipo “un seguro cada cuatro metros”. Cada uno verá lo que es correcto de acuerdo a las circunstancias. Pero no colocarlos, teniéndolos, sólo porque se está atravesando un terreno “fácil”... Por favor. Inaceptable. Esa no es una respuesta y te asegura camino expedito a la tumba.
Sabe Mal
Esta es fácil: leer, leer y leer. Y después de eso, leer, leer y leer mucho más. Relatos, historias, biografías, manuales y catálogos. Idealmente complementado con análisis e investigaciones que te obliguen a entrevistar gente, revisar estadísticas, compartir experiencias.
Así podrás conocer a quienes estuvieron antes que tú. Sabrás qué cosas hicieron, cuales fueron sus sueños, cómo murieron. También aprenderás los límites que tiene nuestro equipamiento, qué es moderno, qué es antiguo, qué es un aporte, qué no lo es.
Con tal conocimiento, no sólo podrás darte cuenta de si tu desarrollo deportivo está bien encauzado, sino que también opinarás informado, tendrás una visión de conjunto y diferenciarás lo honesto de lo torcido.
Ya no te meterán el dedo en la boca.
El Dominio de un Arte Milenario
Finalmente, ¡uf!, el último consejo: tener paciencia.
Y harta, porque las cosas no salen sólo porque uno quiera. ¿Recuerdan a Greg Crouch y su guerra por subir el Torre? ¿O los diez años de asedios al Everest por montañistas nacionales?
Centillones de veces se ha dicho lo anterior, por lo que no creo que los énfasis que yo haga ahora signifiquen mucho para las testarudas cabezas de los Alfa.
Excepto quizá en los varones, quienes deberían considerar que subir una montaña es como seducir a una mujer. Mientras más difícil sea, más trabajo requiere. Debe esperarse el momento oportuno, sin apresuramientos, porque de lo contrario, todo se echará a perder.
Y nadie quiere eso, ¿cierto?
¿Problemas de Audición?
Eso sería todo.
Saber dosificarse. Ser tolerante con el fracaso. No confundir la “Capacidad” con la “Posibilidad”. Leer mucho. Tener paciencia.
El que tenga oídos, que escuché. El que no... que Dios se apiade de su alma.