Anticristo: El Jardín del Edén
La Columna del Anticristo
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El Jardín del Edén
Por el Anticristo (marzo 2006)
En lo posible trato de no hablar de mí o de mis experiencias personales. Me da asco hacerlo, además que es innecesario e, incluso, de mal gusto.
Hoy haré una excepción. Porque necesito un buen ejemplo para ilustrar un concepto y no se me ocurre nada mejor que referirme a una área verde, localizada en Santiago de Chile, de cuyo cambio fui testigo. No se preocupen, no será un senil ejercicio de esos típicos que hablan de lo lindo y hermoso que fue el pasado.
De antemano pido disculpas a quienes viven en el resto del mundo. Es más que probable que se vean un poco perdidos en la contaminuum espacio-temporal de esta ciudad, aunque "aspiro" a que eso no complique lo que realmente importa, esto es, el mensaje.
Y si no, bueno, púdranse.
Señoras y Señores, con Ustedes...
El Parque Bustamante se localiza entre Providencia y Avenida Matta, corriendo de norte a sur paralelo a Vicuña Mackenna, a una cuadra de distancia hacia el este.
En rigor, no es una área continua, sino que un sistema interrumpido de espacios verdes con disímiles características. En algunos sectores es de una cuadra de ancho; en otros, lo suficientemente angosto como para permitir sólo la existencia de una vía peatonal.
Fue creado en la década del 30 gracias al trabajo del arquitecto Luis Malushka, quien hizo realidad las directrices esbozadas por el urbanista vienés Karl Brunner. Su nombre recuerda a José Antonio Bustamante Donoso (el General Bustamante), quien participó en las batallas de la independencia y llegó a ser intendente de Coquimbo.
Aparte de su obvia funcionalidad recreativa, el Parque es un importante eje policultural, realizándose en él eventos que ya son clásicos: la Feria del Libro Infantil y Juvenil, el Teatro en el Parque, la Muestra Internacional de Artesanía Tradicional, etc.
Este es el paisaje urbano que deseo analizar. Aunque en realidad sólo me enfocaré en el paño del extremo sur, aquel demarcado por Avenida Matta, Irarrázaval, Bustamante y San Eugenio, el cuál, para efectos de esta discusión, y si bien no sea del todo correcto, llamaré lisa y llanamente "Parque Bustamante".
El Pasado, esa Pesada Pasada
Comencé a visitarlo a mediados de los años 70, cuando iba acompañado de mi nana, abuelita y hermano (en ese orden de importancia). Más tarde, a partir de 1982, viví por 15 años en un edificio que todavía se yergue a su costado. Y como ahora vuelvo al departamento a intervalos regulares para saludar a la mamá y comer gratis (no en ese orden de importancia), puede decirse que conozco bien el Parque Bustamante.
Los primeros recuerdos que tengo de él fueron los partidos de fútbol. ¡Oh!, sí, entonces se podía jugar. Claro que había que tener cuidado en no golpearse con los defensas, literalmente unos troncos. Cuando terminábamos, para la desesperación de mi apurada abuela, siempre nos la arreglábamos para pasar a los juegos que se localizaban en la cabecera sur (no video-juegos, sino que columpios y balancines).
En algún momento de aquella época, hubo una remodelación que hizo que la calle que lo circundaba al oriente (San Eugenio) se metiera groseramente en el terreno mismo del Parque, para enlazar "adecuadamente" su continuación natural hacia el norte. Lo único malo fue que, al hacerlo, dejó la esquina noreste separada del cuerpo principal. A la opinión pública de entonces se le dijo que había sido una pena, pero que era necesario para el desarrollo de la ciudad, que no se volvería a repetir y, que en realidad, no era malo sino que todo lo contrario, beneficioso, porque así se había aprovechado de hacerle mejoras a la infraestructura global del Parque.
Llegaron los 80, con Santibáñez, las Malvinas y el Rock Latino. Me cambiaron a un departamento de Nueva Seminario y tuve el Parque al lado. Que ni había terminado de sacar mis pistolas láser cuando vino otra remodelación.
Ahora no recuerdo bien las causas. Al parecer había demasiado tráfico bajando por Bustamante que necesitaba rodear el perímetro sur del Parque, para después enlazar con San Eugenio hacia el norte, sobrecargando en la maniobra a Avenida Matta. Para solucionarlo, no se les ocurrió mejor idea que crear una calle que evitara la vuelta en U y que se conectara con Matta Oriente hacia el este. Lo inhumano fue que eso involucró cortar limpiamente el Parque a lo ancho, dejando ahora aislados a los juegos infantiles. De nuevo, ante la inquietud de los vecinos, se dijo que no nos preocupáramos, que los juegos no serían destruidos, que se colocarían semáforos para que la gente se desplazara con seguridad de un lado a otro y que, en realidad, no era malo sino que todo lo contrario, beneficioso, porque así se había aprovechado de hacerle mejoras a la infraestructura global del Parque (argumento repetido, argumento podrido).
Varios inviernos después... ¿A qué no adivinan? Exacto. Otra "remodelación". Pero esta no fue vial. Tuvo algo que ver con el sistema de aguas servidas, creo... No importa. De nuevo no recuerdo las causas, pero sí sus efectos: gente trabajando por semanas y pavimento cortado en varias secciones. Al terminar, magia, todas y cada una de las calles involucradas habían sido "mejoradas" (léase "agrandadas") a costa del Parque. ¿Y el área de juego? Bien gracias. Quedó tan aislada y rodeada de ruido, smog y peligro, que en la práctica se dejó de usar.
Década del 90. Maestro, música por favor, porque llega la alegría... Y también la línea 5 del Metro.
Ni les cuento la polémica que se armó cuando se supo que el trazado pasaría exactamente por donde estaba el Parque. Ya eran otros tiempos y la ciudadanía empezaba a darse cuenta que, en nombre del progreso y el desarrollo, la estaban dejando eunuca y hubo pelea, porque quienes tomaron las decisiones de aquel entonces igual trataron de actuar como si nada. El armisticio final obligó a que ambos lados hicieran concesiones. El resultado para los pro-Parque, si bien no ideal, al menos fue mejor que el proyecto original, dado que se prometió transplantar los árboles más valiosos y renovar las áreas verdes afectadas, recibiendo así los vecinos una copia feliz del Edén.
A pesar de ello, el episodio me dejó amargo, porque al final, después de todo, igual se continuó con la tendencia del pavimento invasor. Cuando las máquinas desaparecieron, también se fueron con ellas los enormes árboles del lado poniente y los juegos del extremo sur (hoy convertida en una franja de pasto de 7 metros de ancho). Lo olvidaba, ¿recuerdan la esquina noreste?, aquella que también se juró sería respetada; bueno, a pesar de las promesas hechas, tras décadas de canibalismo terminó convertida en estacionamientos, parquímetros y una fila de árboles que apenas dan protección a tres cucarachas PPD (pequeñas, pobres, desnutridas).
Hoy, siglo XXI, son años de celulares y condones (se venden por separado). Al Parque Bustamante se le ve con palmeras pródigas en sombra, con niños jugando en bicicletas, abuelitos entibiándose al sol y románticas parejas tomadas de las manos. En suma, bonito y bien cuidado. ¡Ah! ¡Qué descansada vida! ¿Final feliz?
No. Porque lo que en realidad tenemos hoy es un pálido eco de lo que nos regalaron. Ya no es un parque, sino que un jardín. Y así como vamos, pinta para macetero.
Adaptabilidad como Defecto
La razón por la cual me gusta tanto este ejemplo es que permite varias lecturas. De todas ellas, seleccioné las 3 que me parecen más pertinentes.
Supongamos por un instante que, de alguna forma mágica, el Parque hubiese permanecido intocado hasta la fecha de hoy. Y que sólo ahora, de repente, inserto dentro del Plan Bizantinario, se pretenda remodelarlo para dejarlo tal y como es en la actualidad. Dicho en castellano: ¿qué pasaría si se intentase hacer las modificaciones acumuladas en todos estos años de una sola vez?
Habría escándalo. Se fundaría el grupo de "Furibundos y Calientes Defensores del Parque" y los senadores subirían El Plomo desnudos, a pesar de lo cual, Lord Rabi.Net III, El Tozudo, seguiría insistiendo que es una estupenda opción para paliar el déficit habitacional. Lo olvidaba, un reportaje del "Buenos Días a Todos" causaría conmoción pública al descubrir el banco donde Karen Rottenweiler dio su primer beso, haciendo un especial de 4 horas con un panel de expertos para analizar... el banco.
¿Por qué ahora, en este hipotético caso, sí habría oposición? ¿Por qué antes no la hubo? Bueno, obvio. Es porque un cambio súbito inmediatamente deja al desnudo la degradación de la calidad de vida urbana. En cambio, las modificaciones graduales permiten que uno se "acostumbre", que se sienta sólo un poquito menos feliz, para luego olvidar completamente cuán feliz era.
Como el sapo que metemos en una olla de agua fría. Colocamos la cacerola al fuego sin la tapa, el agua comienza a calentarse, el batracio nunca se percata del aumento de la temperatura, no salta y termina re-cocido (gracias a eso es que tenemos patas de rana).
Políticamente Neutro
Otra lectura del ejemplo del Macetero Bustamante es que es transversal.
Ocurrió durante distintos regímenes. No se le puede echar la culpa a azules o blancos; ni tampoco a Pinochet, Lagos o Frei. El resultado no proviene de posturas político-filosóficas, sino que de algo más básico.
Pónganse en los zapatos de una autoridad. Puede que haya llegado a su puesto con una base política determinada (comunista, neoliberal, socialista...), realmente convencido de las bondades de su ideología y dispuesto a usarla como referencia para moldear las áreas de influencia que están a su alcance.
Pero una vez que está ahí, en el cargo, siente la Presión. Una avalancha de reclamos, peticiones y exigencias viniendo de todas partes, siempre pidiendo soluciones inmediatas y gratuitas. Ante esta situación, y probablemente potenciado por su propia mediocridad, nuestro hipotético líder terminará avasallado, perderá la brújula y echará mano a los remedios más viscerales que tenga a su disposición, que en el caso del Parque Bustamante será eliminar pasto para entregar más y mejores calles. Total, los árboles no van a reclamar.
Después de todo, es entendible. Cuando ves que una abuelita pasa hambre, no va importar mucho si eres de izquierda o derecha; al final igual te va a nacer el impulso de meter la mano en el bolsillo para ayudarla.
La Fuerza de los Radicales
La tercera y última moraleja es que los daños en los parques urbanos tienden a ser situaciones irreversibles.
Aunque, en teoría, una autoridad siempre tiene la posibilidad de corregir errores pasados, en la práctica eso no ocurre. ¿Es posible pensar que un futuro alcalde va a ampliar el Parque Bustamante para que, por ejemplo, limite por el oeste con Vicuña Mackenna? Sí, es posible. ¿Realista?... No.
Y contar con UNA autoridad que tenga inteligencia, carácter y disciplina para sobrellevar la Presión de la que hablábamos antes, no es suficiente, porque, una vez terminado su mandato, siempre existe el riesgo que el sucesor arruine lo obrado. O el subsiguiente. O el sub-subsiguiente. O sea, para evitar el daño a bienes cuyo beneficio está en el largo plazo, debe existir una ilustrada conciencia cívica a través del tiempo, sino tarde o temprano llegará un inepto que lo arruinará todo.
Son conclusiones como estas las que dan una no despreciable base argumentativa a quienes abogan por la radicalidad: nunca aceptar ningún tipo de impacto en ninguna área verde urbana. Qué por el sólo hecho de existir, debieran ser vistas como sagradas. Que no importando cuán vital sean las futuras obras viales, éstas nunca podrán tocar ni una mísera hoja del más mediocre arbusto.
Porque si no, si se cede un poquito, en el largo plazo, y dado que en la práctica el daño nunca es revertido, las calles terminarán por prevalecer.
Fuerza Fundamental Social
Por todo lo dicho, es que considero al Parque Bustamante como un ejemplo de una tendencia fundamental social que podría enunciarse así: "los parques urbanos desaparecerán".
Se aplican todas las características desarrolladas en la columna publicada el mes pasado: más allá de los discursos, si no se hace un esfuerzo explícito al respecto, la fuerza social predominará en el tiempo, porque se deriva de una característica propia de la naturaleza humana (en este caso, la débil visión de largo plazo). Con respecto a quienes podían imponer la cordura, nuestros líderes, fallaron miserablemente. Y la ciudadanía, nosotros, tampoco dimos el ancho, demostrando una endémica pasividad que casi justifica el desastre (se tiene lo que se merece). Todo, como habitualmente ocurre, no debido a que seamos malas personas, si no porque, ya lo dije antes, somos gente ordinaria enfrentada a situaciones complicadas.
El problema, el gran-gran-problema, es que entender esta situación no significa que le demos el rótulo de "correcto", ya que si sólo usáramos esa línea de acción, entonces, al final, nada quedaría. Todo el planeta sería una continua masa de asfalto y concreto, de gente yendo y viniendo, sin razones, sin propósito.
Piensen sólo por un momento lo siguiente: si nuestros padres se hubiesen negado a modificar el Parque en su momento, ¿se dan cuenta el espacio de lujo que tendríamos hoy?
No llores por mí Chile.
Cambio en el Equipo
Para terminar, y aunque cueste, hagamos un último ejercicio mental. Haciendo las obvias correcciones del caso, donde dice "Parque Bustamante", ahora coloquen "Torres del Paine".