Anticristo: ... Y Otras Hierbas
La Columna del Anticristo
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... Y Otras Hierbas
Por el Anticristo (abril 2008)
Decíamos que en el montañismo deportivo competitivo hablar de doping tiene sentido, o no, dependiendo del tipo de actividad que se está realizando.
De la misma manera que existen sospechas fundadas que su uso y beneficio existe en lo que denominé “Montañismo Muscular”, también pareciera ser que en su opuesto, el “Montañismo Cerebral”, no es así, al menos a la fecha de hoy, debido, entre otras cosas, a que uno de los efectos laterales del doping es que tiende a socavar la lucidez mental, necesaria y vital no sólo para “triunfar” en estos escenarios, sino que también para sobrevivir.
Por supuesto, todos estas aseveraciones apuntando a lo grueso del asunto, dado que excepciones siempre hay.
Nuevos Tiempos, Nuevas Drogas
¿Y qué hay del Diamox?
Es un medicamento cuyo consumo se ha hecho muy popular en el último tiempo entre los montañistas, porque incrementa la ventilación y, con ello, permite dormir mejor en altitud. Algo que genera un círculo virtuoso que puede hacer la diferencia entre, como dicen los marinos, triunfar o morir. Si duermo mejor estaré más descansado al día siguiente, lo cual a su vez hará que caminé más rápido, llegue antes a dónde tenga que llegar y esté menos tiempo en riesgo.
Quizás les sorprenda saber que su ingesta se ha transformado en una epidemia, especialmente entre aficionados o clientes de programas comerciales. Un comentario que no hago con tono de menosprecio, sino tan sólo para describir el perfil de quien lo usa: personas con una muy limitada cantidad de días disponibles y que deben forzar su aclimatización para intentar cerros demandantes.
El Denali es un buen ejemplo de ello. Allí más del 70% de los escaladores que lo intentan, sean deportistas o no, lo usan, especialmente en la noche, que es cuando se hacen patentes los mayores problemas respiratorios. Subir el Denali, además, requiere en promedio de un mes, algo que excede un poco las típicas 3 semanas estándar de vacaciones que el común de los mortales tiene. Situación que se repite en el Aconcagua, el Everest o el Vinson, es decir, cerros populares, altos y en los cuales nadie quiere fallar.
Ahora, droga mágica no es. Tiene varios inconvenientes que obligan a tener un proceso de aprendizaje con él. Primero, es diurético, lo que significa que le carga aún más la mata a la exigencia de estar bien hidratado, ya de por sí un problema global de las actividades en altura. Segundo, que las dosis para que sean útiles difieren con cada individuo; 250 mililitros podrían ser suficientes para Tubería Gómez pero no para Pistol Pablo, quien tendría que experimentar para saber a partir de cuánto le es útil. Tercero, los efectos secundarios (como pinchazos en los dedos y labios), también son diferentes en cada individuo, y tienen el potencial de generar ruido llegada la hora de diferenciarlos de síntomas que podrían venir de algún problema serio que se está desarrollando.
Determinar si es doping o no es, uf, complicado. Depende mucho de cuán estricta sea la definición utilizada. Para quienes no aceptan ninguna sustancia “ajena al organismo” (ver definición columna pasada), y sin entrar a discutir acerca de las aspirinas, vitaminas y otras inas, claro que lo es. Pero, por otro lado, para quienes usan un criterio menos riguroso, no lo sería, dado que no estaría ni aumentando el volumen sanguíneo, ni generando adicción y, aspecto no menor, el consumo destinado a “falsear” el rendimiento deportivo no terminaría por matar al atleta.
Yo opino que da lo mismo. Porque cualquiera de ambas posturas podría ser tomada como un referente y el resultado no sería un contrasentido. Dualidad que implica que, más allá de si sea o no doping, el Diamox está muy, pero muy cerca de la línea divisoria.
El Chupete
¿Y colocarse el chupete?
Es decir, usar oxígeno envasado para subir una montaña ¿debiera ser considerado doping?
Este tema estuvo de moda poco tiempo atrás, cuando se propagó la noticia que la World Anti-Doping Agency incluía, entre sus métodos prohibidos, la "mejora artificial de la captación, transporte o transferencia de oxígeno".
Estas indicaciones estaban incluidas en un código que, en teoría, debía ser aceptado por las organizaciones que lo subscribían, entre ellas, nuestra querida UIAA, y de ahí, por efecto dominó, a las federaciones, asociaciones y clubes. Esto explica el impacto inicial que causó el saberse esta "prohibición”, norma que, en buenas cuentas, significa criticar y anular cualquiera de los logros alcanzados si es que se hacían usando oxígeno. En el caso de Chile, de partida desconocer todos los Everest realizados...
Más allá de la existencia de un aparente resquicio legal que también estaba en dicho reglamento (que permitía su uso a todos aquel que se autodeclarase "aficionado"), la tajante declaración no causó adhesión en el mundo del montañismo. Lo opuesto; no hizo más que generar oposición. Hasta el Santo Pontífice Alpinístico, Reinhold Messner, el Grande, metió la cuchara, diciendo que en el fondo era un contrasentido dado que “el oxígeno artificial es útil para la supervivencia”, mientras que “las sustancias dopantes son peligrosas para la salud”.
Debo admitir que a mi no se me habría ocurrido tal línea de argumentación (gracias Reinhold), sino otra que dice que la World Anti-Doping Agency se equivocó medio a medio puesto que no consideró las otras variables de mérito deportivo que también están presentes en el núcleo mismo de lo que llamamos montañismo. Cosas como estilo, compromiso y aventura.
Si yo voy y subo la pared del Kanshung al Everest en el día, solo, en invierno y sin cuerdas fijas, pero usando oxígeno... ¿Significa que hice trampa? ¿Qué no merezco reconocimiento? ¿Qué no he elevado el listón del rendimiento deportivo del montañismo?
Pf... Por favor.
Yerba Loca
En la escalada en roca propiamente tal, marihuana, cocaina, LSD y otros clásicos alucinógenos han sido usados desde el principio, pero, más allá del mito y de las historias brindadas por exponentes excepcionales que experimentaron con ellos... no hay estudios o análisis formales que pudieran, de una vez por todas, zanjar la vieja polémica si son doping o no (en el montañismo).
Por un lado, “pareciera” existir consenso que su consumo en escaladas al límite es un contrasentido porque llevan a comportamientos más arriesgados (o, si gustan, irresponsables) al no permitir el normal funcionamiento del raciocinio.
Esta situación, según algunos, hace que precisamente no pueda ser considerado doping, puesto que en lugar de “ayudar” haría las cosas aún más “difíciles”. Una cosa parecida a lo que ocurriría si en un partido de fútbol uno de los equipos jugara borracho y tratará de ganar...
Pero, en la vereda opuesta, están quienes dicen que esa misma liberación de las ataduras que el raciocinio establece, permite sortear más rápidamente los sectores más difíciles para un montañista, permitiéndoles así batir records, ganar competencias o, definitivamente, ser los primeros en abrir vertiginosos itinerarios que, una persona en su "sano" juicio, no podría hacer. Además, agregan, tampoco se sabe cuál es la tasa de accidentabilidad asociada, dado que sólo sabemos los casos de quienes se drogaron y sobrevivieron, pero quizás éstos esconden las cifras de un número mayor de escaladores que lo hicieron y fallecieron al cometer un error. Y como a estos últimos no se les puede preguntar nada (por ejemplo si la droga tuvo algo que ver con su accidente), los verdaderos alcances de estos psicotrópicos son desconocidos.
Por eso mismo, para conducir a la defensiva, yo tiendo a estar de acuerdo con esta última postura, la de considerar en el montañismo a las drogas “normales” como doping. Quizás no por una supuesta ventaja deportiva "muscular", sino porque es importante preservar la vida y salud del atleta.
El Futuro
Podríamos seguir revisando uno a uno otros casos “sabrosos”, como el experimento de colocar suero a montañistas en altitud (para evitar que la sangre se espese), el uso de cámaras hiperbáricas (para forzar aclimataciones) o tener satélites espías para concentrar los rayos cósmicos en el karma de los perros. Pero más o menos los fundamentos son los mismos que los casos analizados.
Sin embargo, la verdad, estos comportamientos me preocupan poco. Porque mucho más miedo le tengo al futuro, donde llegarán, de la mano de las terapias genéticas y la nanotecnología, un nuevo conjunto de medicamentos, drogas y métodos que se acercan cada vez más al ideal de la solución mágica. Aquella indetectable que nos hace más rápido, más fuertes e incluso más bellos, sin generar efectos secundarios ni daños. Una situación que no sólo deja obsoletos las definiciones presentes, sino que además hace difícil determinar los objetivos últimos de las competencias.
Como en los concursos de belleza. Si se fijan, hoy en día, quienes las ganan, no son las más bonitas “naturales”, sino quienes “terminan” siendo más bonitas (tras las respectivas correcciones y adiciones quirúrgicas). Quizás, en un futuro no tan lejano, el deporte competitivo como un todo, y el montañismo en particular, dejará de preocuparse de destacar a quienes ganan “limpio” (como es hoy en día) para centrarse en quienes ganan "a secas" (importando un pepino si para ello se le implantó una tercera pierna detrás del coxis).
Solución Mágica Irreal
¿Hay alguna manera fundamental que nos permita, a nosotros, los montañistas, defendernos de estas supuestas amenazas al rendimiento deportivo?
Probablemente no. Hoy en día hay tantas presiones para destacarse por sobre los demás, que las tentaciones para disimular un poco la verdad son inaguantables.
Pero admitirlo no significa que no podamos exigir algunas cosas, entre ellas, y aquí volvemos a la carencia inicial que dio origen a todas estas reflexiones, exigir de la misma boca de sus protagonistas sólo la verdad. O sea, agregar a las frases “Sí, yo pretendo romper el récord de velocidad en el Aconcagua" y "Sí, pretendo hacerlo solo", también una que diga "Sí, lo haré tomando anfetaminas".
Estoy consciente que tales comentarios puedan traer problemas a quien lo diga, incluso con consecuencias judiciales en caso que las substancias en cuestión fueran ilegales. Pero es un paso necesario para, si al menos no logramos decidir qué es doping, al menos poder hacer las comparaciones pertinentes entre quienes las usan y quienes no.
Al mismo tiempo (y una razón más para considerar el montañismo como un deporte que requiere coraje), sería una verdadera prueba para ver si, quienes se dopan en busca de la excelencia, son tan hombrecitos como dicen que son para admitir que no podrían hacerlo sin ellas y, además, si son tan suficientemente valientes como pretenden para asumir las consecuencias públicas que ello conlleva.