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Últimos Detalles de la Guía al Fracaso
Por el Anticristo (mayo 2009)
Prácticamente ya dicho todo lo que puedo decir acerca de la problemática de los guías de montaña en Chile, ahora cerramos el análisis con los costos económicos a incurrir para obtener la norma UIAGM.
Show Me The Money
Tomemos el caso de Manuel Condón, quien, después de hacer las averiguaciones del caso, se atreve a intentarlo en los diversos procesos de certificación que existen en el Cono Sur americano (puesto que para un chileno promedio, hacerlo en Europa, Canadá o Nueva Zelanda es económicamente inviable).
Pero que aquí sea más barato, no significa "nada", como pronto Condón descubre. Primero se debe abocar a financiar el período de preparación, lo cual por un lado le significa ver si tiene aprobados los cursos que son requisitos perentorios (que en Chile sólo es tener el WFR), y por otro, costear el entrenamiento. Puesto que, como expliqué antes, el nivel exigido es tal que normalmente no basta con bajarse del caballo y, listo, paso las pruebas. No. Como será necesario rendir al máximo, la mayoría de los guías deberán dejar de trabajar, ponerse a dieta, escalar un poco y practicar las técnicas necesarias en no pocas salidas a terreno.
Aquí también brotan otros gastos "extras" que normalmente Condón no los hubiera considerado para su análisis, pero que bajo este esquema de funcionamiento se revelan críticos. Me refiero, por ejemplo, al desgaste del equipo. Puesto que como la frecuencia y duración de las salidas se disparan, lenta pero irreversiblemente comienzan a destruirse items sensibles que, bajo otras circunstancias, hubieran durado años y de los cuales no nos habríamos tenido que preocupar. ¿Típico caso? Los zapatos. Si es cosa de hacer el cálculo no más: si se empieza a entrenar duro 3 meses antes de la fecha de la prueba de incorporación, y conociendo lo blando de los acarreos nacionales, existe una chance no despreciable que los zapatos lleguen con las pestañas o botines interiores en tan en malas condiciones que, si no se termina comprando unos nuevos para la prueba, igual habrá que hacerlo para el proceso que viene. Y esto ocurre también con los guantes, los anteojos, la cuerda, las polainas y la capa exterior cortaviento, esas hechas de membranas híper espaciales y precios ídem (hoy en día, un puro pantalón cortaviento de Gore-tex cuesta más de $200.000).
Resuelto lo anterior, el siguiente costo directo que Manuel Condón tendrá que asumir es aquel derivado de participar en el programa mismo. Primero la prueba de ingreso (que en Chile iba a salir algo así como $130.000) y segundo, en caso de aprobar, el programa de certificación propiamente tal. Como en nuestro país nunca se ha hecho todavía, no hay información disponible al respecto, pero se supone que los valores deben ser similares a los que se manejan en Argentina. Es decir, todos los módulos (normalmente 8, cada uno de entre 10 a 20 días de duración) por una cifra final de entre US$5.000 a US$7.000 (por persona, obvio), la cual, infortunadamente no incluye transporte, alimentación, permisos o seguros.
O sea, en resumen, creo que no sería un desatino afirmar que la inversión directa que Manuel Condón tendrá que hacer para participar en el proceso UIAGM, ronda los US$10.000.
Implicancias
Considerar tal cifra como un despropósito o no va a depender del cristal con que se mire (por ejemplo, en Suiza llega a costar fácilmente 4 o 5 veces más...). Pero lo que sí podemos estar de acuerdo es que como son pocos los que pueden sacar así del bolsillo como si nada 10 palos grandes, entonces no hay margen para improvisar. Debe haber planificación, control y cuidado de quien está dispuesto a hacer tal inversión.
Si Manuel Condón tuviera trabajo estable, le sería abordable solventar esos US$10.000, toda vez que además son pagos que se distribuyen a través del tiempo. Pero, al igual que la mayoría de los guías chilenos, Condón hace ya rato dejó el mercado laboral normal. Situación que no estoy criticando, sino tan sólo la consecuencia de haberse especializado en guiar. Una profesión que demanda al máximo el recurso "tiempo", más de lo que los fines de semana o unas vacaciones "normales" permiten. Si un puro circuito al Aconcagua toma de 15 a 20 días, y para considerarse uno mismo como guía, normalmente deberían hacerse unos 5 o 6 similares al año. Mínimo.
¿Qué significa esto? Que si Manuel Condón entra al programa UIAGM, el dinero se le irá más rápido que churrete de cebolla con ciruela. Estrés económico serio que, para más remate, se potenciará con el hecho de saber que el esfuerzo es de largo aliento; no de un fin de semana y ya está. Hablamos de varios años de posibles penurias.
Ante lo cual, nuestro querido candidato a guía tendrá que dedicar cada segundo que el proceso UIAGM le deje libre, para producir. O sea, en lugar de "escalar, escalar, escalar", a partir de ahí tendrá que "producir, producir, producir". Y como el único trabajo que le va quedando es guiar, tendrá que intensificar aún más la ya pesada carga de trabajo. Dando pie a que aparezcan los típicos desgastes propios de actividades rutinarias; meses y meses sin descansar, tan sólo caminar lento, patear piedras y golpear hielo. Y, sorry, ustedes saben, por muy linda que sea la mina al final igual aburre.
Aquí no acaba el asunto. Como la apuesta es alta, no hay margen posible para que aparezca alguna lesión o pase algún accidente, cuyas probabilidades precisamente se incrementan porque se pasa más tiempo en zona de riesgo. Las presiones acumuladas tampoco ayudan a mantener las cosas quietas en casa, donde la ausencia continua y reiterada del guía típicamente hacen aparecer los fantasmas de infidelidades, divorcios e hijos colo-colinos. Cocktail de angustias que más encima hacen impensable la más mínima posibilidad de participar en expediciones deportivas. ¿Himalaya?, imposible; ¿Patagonia? olvídalo.
Hay algo más. No olviden que la aprobación del proceso no es dada.
Sí pues. Ya que al igual que en cualquiera carrera en cualquier universidad o instituto, estamos hablando de "aprobar" un cierto nivel de dominio, algo que no todos los que participan van a cumplir. Así es que la amenaza de ser expulsado por mal rendimiento "académico" siempre está ahí, como espada colgando de un hilo sobre la cabeza de Manuel Condón...
Tras El Purgatorio
Pero pensemos positivo y supongamos que, para efectos de esta historia, Manuel Condón logra de una manera u otra sobrellevar estos inconvenientes y que, después de 3 años de esfuerzos, se titula como guía UIAGM.
Dejando de lado describir el entendible sentimiento de realización personal que tendrá, y que lo acompañará por el resto de sus días, a partir de ese momento Condón tendrá la justa aspiración de exigir revancha. Es decir, después haber estado contenido por varios años querrá ver los frutos de sus sacrificios; tal y como hace cualquier otro profesional al volver al mercado con un MBA. Aspiraciones que son claras: tener más y mejor trabajo. O sea, recibir prioridad, participar en los mejores circuitos, tomar cargos de jefatura y, lo indudable, un salario más alto.
Probablemente sin la certificación Condón estaría en el rango de los US$100 diarios, tarifa súper relativa pero algo así como estándar para un guía jefe en un programa de aventura en Chile (aunque después de que el dólar cayera de su techo por sobre los $700, a principios del siglo XXI, este valor referencial ha tendido a subir para compensar la pérdida absoluta de poder adquisitivo). Así es que regresando ahora como guía UIAGM, Condón exigirá más. ¿Cuánto más? Uf... Vaya pregunta. Imposible saberlo porque, aunque les duela, el viejito pascuero y el sueldo ético son absurdos.
Pero tratemos de ajustar la mira. Un guía UIAGM en Europa cobra, para una actividad sencilla, aprox. entre US$400 a US$500 diarios; ahora, si es algo difícil, no es raro llegar a los US$1.000. Los famosos en Himalaya podrán cobrar menos que eso, US$500 diarios, pero esos viajes duran mucho más que un fin de semana (60 días como mínimo; calculen). Claro, son realidades súper distintas, pero nos ayudan a determinar el límite superior de nuestras pretensiones, y, si los US$100 de los que hablábamos antes puede transformarse en nuestra cota inferior, entonces al menos tenemos claro que en alguna parte entre los US$100 y US$1.000 diarios está el corte.
Si usáramos a Argentina como patrón (cuya legislación tiende a proteger a sus guías, quienes, además, se hacen pagar bien), veríamos que lo mínimo que un guía UIAGM cobra es US$200 diarios. Valor que Manuel Condón podría comenzar a usar tranquilamente, puesto que le significa, dicho simplemente, que haber obtenido la certificación UIAGM en Chile le va a significar doblar su salario.
Todo bien ordenadito hasta aquí. Ahora traigamos caos. Entremos al ojo del huracán, al punto penal, al calzón de la novia.
¿Estará dispuesto a pagar el mercado nacional dicha tarifa? ¿US$200 diarios?
El Mercado Es Cruel
La pregunta es pertinente. A la cual se le pueden sumar otras. ¿Hay margen para pedir mejores sueldos? ¿Está la industria turística en posición de financiarlo? ¿Comparativamente hablando se ve que hay mayor demanda por los recursos naturales del país? ¿Está llegando más gente que pida y esté dispuesta a pagar mejores guías? ¿Le es viable económicamente a las agencias ofrecer circuitos con guías UIAGM chilenos? ¿Tiene sentido usarlos para el tipo de circuito que se vende hoy en día? ¿Es razonable pagar tales tarifas si lo único que se hace, y apenas, es el Plomo, el Villarrica y el Ojos del Salado?
Antes de pasar a responder en propiedad, les advierto que aquí estamos hablando de un fenómeno económico, el mercado, el cual tiene reglas claras que funcionan de forma predeterminada y cuya formalidad es tal que, por muy Social que sea, aún así es una Ciencia. No se trata del bien y el mal, de lo bueno y lo malo o de lo lindo y lo feo. Es lo que es no más. Y si alguno de ustedes eso no les gusta porque Fidel no les dijo que les gustara, allá ustedes, no sigan leyendo esto porque no entenderán nada de nada.
Dicho eso, contesto las anteriores preguntas: no, no, no, no, no, no y no.
Por lo menos así es hoy. Y todo lo que he visto y entendido acerca de mi país, me dice que esto no va a cambiar en el mediano plazo (y del lejano nadie tiene idea de lo que va a pasar). Ahora que si mañana Chile, como Estado y Gobierno, subsidia el proceso UIAGM porque decide que su población debe tener el derecho a ser guiada en sus montañas, porque hubo una guerra nuclear y los valles quedaron radioactivos, bueno, ese sería otro contexto. Pero, a menos que algo así pasara, lo canónico será que la certificación UIAGM en Chile apunte al fracaso.
Parte importante de las razones de fondo son aquellas explicadas anteriormente en las fallas estructurales (tenemos una cordillera seca y plana, la ausencia de demanda interna, poca competitividad turística, el carácter minero-industrial de Chile, etc). De la misma manera que no se necesita exigir que los pilotos de los aviones nacionales tengan carné de astronauta, o que los choferes de los buses cuenten con la súper-licencia (la de la F-1), no existe la base económica que permita que gente como Manuel Condón pueda desarrollarse laboralmente.
Explicándolo como si tuviera frente a mí a un niño de 2 años: si quiero pagarle US$200 diarios a Manuel Condón en un circuito cualquiera, voy a tener que sacar el dinero de algún lado. Eso significa cobrar más por el programa, justificándolo correctamente con el argumento del mejor servicio (puesto que el guía ahora será de clase mundial). Pero una cosa es "justificar", otra cosa distinta es que los clientes acepten. Y, según yo, como el gran problema de Chile para su explosión turística de aventura NO es el guía, al agregar la norma UIAGM, y subsecuentemente encareciéndose los programas, lo único que estamos haciendo es darle solución a algo que no era un problema.
Así es que probablemente Manuel Condón no va encontrar tanto trabajo como hubiera imaginado, no va a ser tan bien pagado como esperaba y le tomará mucho más tiempo del que creía poder recuperar la inversión hecha. Lo que explica porque de nuevo irá a terminar haciendo 320 Aconcaguas, 510 Parinacotas y 333 empanadas de pino.
Lo cual podría haber hecho igual sin la certificación...
A la Hora del Café
Vamos terminando que si no se me aburren.
Primero, darle una esperanza a Manuel Condón, la cual viene de la mano con la decisión de no seguir trabajando en Chile. Puesto que ahí sí que cambia la cosa. Si obtener la certificación UIAGM es como ganarse un Ferrari, no tiene sentido hacerlo correr en el camino a Melipilla. Hay que usarlo donde lo valoren. Y así visto, Manuel Condón debería irse a trabajar al extranjero, algo que precisamente la norma UIAGM permite (porque, en teoría, se supone que una de las cosas que la certificación hace es permitir trabajar en cualquier país asociado). Pero irse es una medida radical y que involucra aspectos familiares que no siempre son fáciles de solucionar...
Segundo, que por motivos de espacio preferí por esta vez no explicar las razones por las cuales sí los procesos en Argentina, Perú y Bolivia han funcionado. Sin darle mucha bencina al auto, y bien simplemente, digamos que es porque en esos 3 países sí hay interacción humana con los ambientes de montaña, los cuales, para más remate nuestro, son más atractivos. Por ejemplo, el Aconcagua; puede que no sea bonito, pero es el más alto, la gente quiere ir a él, queda en Argentina. Y no en Chile. Punto.
También es cierto que ha habido un poco de mala suerte. Los procesos UIAGM en Perú y Bolivia han sido posibles sólo porque fueron subsidiados por la UIAGM, dado que se les considera países "pobres" (no lo dicen de esa manera, pero eso es) y, así visto, Chile es "rico" y, ergo, se las tiene que apañar solo. Lo cual hace que se le ponga cuesta arriba a las distintas asociaciones de guías tratar de traer el estándar por sí mismas. La única ayuda que iría quedando y que podrían recibir (y con la cual esos otros países también han contado) se circunscribe a la ayuda genérica que las organizaciones deportivas civiles reciben en nuestro país, a través de subsidios, aportes o beneficios. O sea, muy poco.
Tercero, recordar mi lema favorito: ¿quién paga?. Puesto que palabras más, palabras menos, al final alguien deberá aportar los recursos para traer los guías extranjeros, desarrollar los programas, planificar las actividades y ejecutar la operación administrativa (hablar de sede ahora sería una estupidez; gracias al Gobierno de Chile, sólo pagar las contribuciones haría quebrar el proceso). Hasta ahora, los esfuerzos han tratados de ser financiados por los guías involucrados, pero demasiado. No se le puede pedir a dos hippies que carguen sobre sus hombros el edificio educacional completo.
Cuarto, que estas críticas, o este panorama negativo, no significa que no se deba continuar en el esfuerzo de contar con una certificación en Chile que permita regular la actividad comercial. Yo sospecho que el problema hasta ahora ha sido pretender que ésta sea el de la UIAGM, demasiado cara, demasiado exigente y equivocada para nosotros (aquí se inserta la feroz discusión con respecto a por qué a Chile se le exigió el esquí, temazo que da para otro día). Cuando a lo mejor es más realista tomar otra norma que sea compatible pero más adecuada a nuestra realidad. Quizás como la del INN.
Quinto, que mis comentarios están cruzados por el paso del tiempo. Quizás algún día será mucho más viable de lo que es hoy la profesión de guía de montaña. Nada más que por un asunto de aumento poblacional, cada día llegarán más turistas y habrá más chilenos que sientan la necesidad de contratar tales servicios. Por supuesto, si nada cambia (y no creo que cambie) este "crecimiento" sólo nos permitirá la construcción de una masa crítica suficiente para hacer viable el negocio, pero no significará que nuestro país, comparativamente hablando, estará mejor que antes (puesto que de la misma manera hay crecimiento vegetativo aquí, también lo habrá en Nepal, Perú y Nueva Zelanda). Comentario que es atingente además al Turismo en general, el cual sufre de similares males debido al estado de sopor autocomplaciente en el que se encuentra (ese que dice que somos lindos, buenos y baratos; pura propaganda, puras mentiras).
Finalmente, para que el amareto no quede amargo, advertir que nada de lo que he dicho pretende desalentar los sueños que algún joven pueda llegar a tener por ser un Guía Profesional de Montaña (con mayúsculas). No compadre. Que no te importe cuán adversas sean las circunstancias, siempre habrá espacio y ascenso para aquellas personas con el talento y la perseverancia adecuadas.
Pero tendrás que irte del país.
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