Anticristo: Guía al Fracaso
La Columna del Anticristo
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Guía al Fracaso
Por el Anticristo (enero 2009)
Cuando se desea dimensionar el grado de desarrollo que tiene una comunidad de montañistas en un país cualquiera, si no hay datos reales que permitan cuantificarlo, a uno no le queda otra que fijarse en el estado de salud de los actores que la conforman.
Por ejemplo, determinar cuántas federaciones deportivas hay, la existencia de grupos de rescate profesionales, cómo son las actividades de sus practicantes en los diversos escenarios, si hay un número interesante de tiendas especializadas, el cumplimiento de certificaciones internacionales, etc. También importante es, y justo de lo que quiero hablar hoy, la situación en que se encuentra la profesión de Guía de Montaña (incluyendo en este rótulo a todas sus expresiones: excursionismo, alta montaña, escalada, etc).
En algunos países, especialmente Europa, ser Guía de Montaña es una profesión en serio. Que involucra años de formación, un rendimiento físico-técnico de primer nivel y el cumplimiento de estándares severos. Sabemos que en Chile no es así y sería absurdo de mi parte cebarme en ello, poniendo de relieve lo lejos que estamos del primer mundo alpinístico. No. Lo que deseo hacer es otra cosa: más que criticar por criticar, es determinar por qué las cosas están así.
Para ello he separado mi análisis en varias partes. En esta entrega me dedicó a hablar de las fallas estructurales que Chile tiene, mientras que en las siguientes explicaré cómo estas han dejado a la profesión de Guía de Montaña en Chile como un enfermo de tuberculosis.
O sea, si se le cuida no muere nunca. Pero tampoco sana.
Contexto, Marco y Generalidades
Antes de pasar a la lista en cuestión, primero quiero hacer un par de aclaraciones.
De partida decir que no tengo nada en contra de la profesión de Guía de Montaña (de nuevo, y lo digo por última vez, incluyendo aquí a todas sus expresiones). A diferencia de lo que dice aquel mito andante que sigue rayando el disco y viviendo de su propia fantasía, yo mantengo que su existencia no involucra para nada prostituir la montaña y considero que es un trabajo honrado, bonito, digno y constructivo.
Segundo, que de lo aquí estamos hablando es acerca del fenómeno general de la actividad, es decir, lo que está ocurriendo con la mayoría de los Guías. Está claro que siempre habrá casos especiales, que existirá algún grado de trabajo, que nunca dejarán de surgir agencias que necesiten contratar guías y que invariablemente continuarán llegando extranjeros necesitados de ser guiados. Pero lo realmente relevante es ver si estos casos son expresiones de un fenómeno general o sólo excepciones. Es decir, si el 90% de los Guías en Chile están cesantes, no porque uno de ellos haga un circuito en febrero significa que hay trabajo.
Otra cosa a considerar. Todos los juicios nacen por comparaciones. Si yo digo que hay poco turismo en Chile, no es porque en un año en particular hayan llegado 2 o 3 millones de extranjeros (que puede ser poco o mucho). Los números solos no significan nada. Deben ser contrastados con otros para determinar su evolución. Consecuentemente, si afirmo que hay poco turismo externo en nuestro país es porque COMPARADO con una realidad cercana, como Perú o Argentina, estamos en desventaja. O sea; nada es bueno, malo, lindo o feo hasta que aparece alguien con quien medirlo.
También no olvidar que aquí estamos hablando de Guiar. O sea, trabajo, explotación y lucro. Donde nuestra disciplina, etérea, romántica e ilusa, entra al por muchos vilipendiado mundo del dinero. Yo, casi fundador del neoliberalismo-neohippismo, no tengo ningún problema o drama con eso y por lo tanto no me tiembla la mano ni me tirita la pera llegada la hora de usar conceptos como ganancia, inversión, mercado y empresariado. Pero si ustedes son de estómago delicado, mejor hagan clicki-clicki y vayan a leerse El Siglo. O The Clinic. Que al final es lo mismo.
Finalmente, y relacionado con el punto anterior, reconocer el simple hecho que, para que se necesiten guías, se requiere que exista gente que necesite y quiera ser guiada. De perogrullo, pero necesario recalcar, puesto que a diferencia de los montañistas que hacen actividad por y para sí, aquí la viabilidad del trabajo de Guía dependerá de la existencia de una demanda ad-hoc.
Con eso dicho, ahora sí pasemos a revisar la lista de las fallas estructurales que tiene Chile y por las cuales, independiente de cuán buenos o responsables sean los Guías, yo creo que están re-jodidos.
Industria con Desventaja
Primer punto en contra. Más allá de lo que afirme el director de Sernatur o el Presidente de nuestra República Melonera (porque bananera no somos), la industria del Turismo en Chile está en una situación muy desvalida. Frágil. Similar a Ferroviarios Fútbol Club. Pierde siempre.
¿Saben dónde se nota? Cuando hay conflictos de intereses. Por ejemplo, si se descubre algún yacimiento minero de cierta importancia en un valle turístico, no importa si el lugar ya estaba siendo visitado y explotado turísticamente, ni tampoco se genera preocupación por averiguar el potencial que podría llegar a tener. No. No les interesa un pepino y, no importando cómo, si ya sea sobornando, convenciendo o pagando, al final la mina terminará por instalarse sí o sí, usando para ello cuanto diario, revista o CONAMA tenga a su alcance.
Y la minería no es la única que tiene derecho de precedencia divino. Ocurre lo mismo con las centrales hidroeléctricas, los gaseoductos o las carreteras. Si una de ellas digna fijarse en un punto en el mapa y le baja el deseo de situarse allí, así se hará. ¿Turismo? ¿Que es eso?
Las dificultades de acceso a los lugares salvajes es un problema distinto, pero va en la misma dirección: dificulta el surgimiento del Turismo como Industria. Puesto que de nada sirve tener el recurso si éste, ya sea apuntalado por el imperio de la ley o bien mañosamente, está fuera del alcance de su explotación sustentable.
Aquí no hay mejor ejemplo que lo que está ocurriendo con el volcán Maipo, una montaña que pide a gritos ser visitada, pero que podría estar en Mozambique y daría lo mismo. Razones de por qué es así hay montones, pero no es el momento de discutirlas, salvo acotar que las consecuencias son simples: por Chile no se puede ir; por Argentina sí.
Poca Competitividad
Okey, el Turismo corre con desventaja. Pero hay más; para peor, por si no fuera poco, se viste con una mentira que es el más grande mito nacional de todos los tiempos y que no nos deja mejorar: que Chile es bonito.
¡Herejía! ¡Quémenlo! ¡Mátenlo! Es lo menos que me han dicho por sostener lo contrario: que nuestro país es feo. O, quizás, dicho de una forma más suave, que la imagen que tenemos de nuestra nación con respecto a su belleza es una que no existe.
Quizás sí lo fue en algún momento en el pasado, y talvez todavía estamos a tiempo de no embarrarla más y hacer las reparaciones del caso. Quizás, talvez... Muchos castillos en el aire que no explican nada de lo que está ocurriendo: esto es que el flujo de turistas que vienen a disfrutar de nuestras bellezas es marginal. Es cosa de ver las cifras mundiales no más.
¿Y por qué no viene más gente? ¿Porque somos negros, estamos lejos o no se ha hecho publicidad suficiente? No. Es sencillamente porque la oferta turística de Chile es mediocre. Y como tal, entra a competir con las otras decenas o centenares de posibilidades que existen en el mundo y donde para ganar se debe ser competitivo. Y como no lo somos...
Ese es el meollo del asunto. Es la simple y única razón por la cual históricamente Chile nunca ha sido un destino turístico de excelencia.
Pónganse en los zapatos de una pareja de norteamericanos que desean hacer excursionismo en sus siguientes vacaciones: “Dear, ¿adónde vamos este año? Nepal nos sale US$ 1.000 para dos meses, incluyendo los masajes; Chile US$ 10.000, pero hay que pedir permiso a Difrol, Conaf y a la CUT; y los masajes sólo los da el Presidente del Senado previa cita”.
Adivinen el resultado.
Majestuosa es la Blanca
No necesariamente un mito, pero sí una exageración: me refiero a nuestra conocida Cordillera de los Andes.
No voy a irme al otro extremo y decir tonteras, tales como que es menor o irrelevante. No señor; existe, tiene ambientes fascinantes, es fuente de vida y ha moldeado el alma nacional.
El error está en exagerar. Decir que es la más larga del mundo (mentira, es la cadena subterránea del Atlántico Medio), la más alta (mentira; hay al menos 3 que la superan: Himalaya, Karakoram y Tian-Shan), que lo mejor de los Andes está en Chile (mentira, la pura vertiente Argentina nos iguala y supera), que es la más peligrosa (mentira, sólo en el Cáucaso cada año mueren 5 veces más personas), que es la más hermosa del mundo (mentira, mentira, mentira)...
Lo curioso es que las características que precisamente la describen pasan desapercibidas: es seca y plana.
Palabras no muy vendedoras por cierto. Pero dejando de lado ese aspecto, las consecuencias de que los Andes chilenos sean poco glaciados y de pendientes suaves es que hacen “fácil” adentrarse en ella, precisamente torpedeando una de las más importantes razones por las cuales la gente contrata guías. Caso totalmente opuesto a que si, por ejemplo, Baños Morales estuviera completamente rodeada de glaciares, o si los senderos que llevan a la cumbre del Pochoco recorrieran bosques llenos de osos come-hombres.
¿Todavía no están de acuerdo? Bueno, entonces explíquenme por qué la profesión de Guía es tan floreciente en la Cordillera Blanca pero no en el Cajón del Maipo (respuesta: porque allí las rutas normales son harto más difíciles).
Demanda Interna
Ya. Estamos jodidos con el resto del mundo. Pero no importa, que se pudran. Chile siempre fue una isla y si pudimos sobrevivir así, podremos seguir haciéndolo en los eones por venir. Así es que si no podemos tener una industria rentable de turismo aventura basada en la demanda externa, pues entonces dediquémonos a explotar la nuestra. La interna.
Podría ser. En algunos países, como EE.UU., es un motor extraordinario de desarrollo turístico. Pero la población de este país se empina por sobre los 300 millones, con un estándar de vida altísimo (más allá de todas las críticas que le podemos hacer a esta nación, aún su PIB per cápita es de US$ 45.000, 4 veces el chileno). Es decir, nuestro país todavía está lejos para llegar a expresar cifras de demanda interna similares.
Pero aún así, si eso no fuese un inconveniente, todavía hay otro problema y que no tiene nada que ver con el dinero: Chile es un pueblo de valle.
No necesariamente un defecto, ni tampoco una crítica. Es tan sólo constatar la forma cómo realmente somos. Eso de “Chile: país de montañas” puede ser verdad, pero no implica que los chilenos, por vivir ahí, automáticamente se conviertan por osmosis en montañeses. De hecho no lo somos, puesto que nos realizamos y proyectamos en el valle, el cual parte donde las montañas se agotan y termina justo 3 metros después de entrar al agua (pero no más allá de eso, miren que tampoco somos un pueblo de mar).
Esa es la razón histórica por la cual, hasta el día de hoy, el negocio de guiar en Chile siempre estuvo centrado en los extranjeros. Algo a lo cual estamos tan acostumbrados que no se nos ha pasado por la mente que mucho de los problemas se solucionarían si hubiese una demanda interna constante y creciente.
A diferencia de los problemas estructurales anteriores, que ya de frentón no creo que vayan a cambiar nunca, esta variable si es abierta en el tiempo. Es decir, de aquí a 35 años es posible que exista una masa mayor de chilenos que acostumbre contratar guías.
Pero eso no es hoy, ni mañana. Hablamos de un hipotético momento feliz que llegará en un lapso de tiempo similar al período de Pinochet y todos los gobiernos de la Concertación juntos.
Mucho.
Estructuras Deportivas Débiles
Finalmente, el último factor: la debilidad general de las estructuras deportivas nacionales.
Puesto que directa o indirectamente, la orgánica que controle, legisle y forme a los guías, dependerá de las instituciones que tienen que ver con el Deporte. Y como los inconvenientes anteriores son macro y no pueden ser resueltos por una persona en particular en un período breve, se requiere de un esfuerzo constante en el tiempo que sólo puede ser acometido por instituciones formales, las únicas que, en teoría, pueden machacar un mensaje o una política hasta verla hecha realidad.
Pero eso, en los hechos, no se ha producido. Puesto que los líos burocráticos, administrativos o políticos hacen que los quiebres organizacionales sean regulares. Rupturas que, en teoría, no necesariamente signifiquen la suspensión de programas de largo aliento, pero que en la práctica sí lo hacen. De paso, desalentando cualquier futuro proyecto que se extienda por más tiempo que una semana.
Si uno se embarca con camas y petacas para, por ejemplo traer la certificación UIAGM, proceso que toma por lo bajo 10 años, nada te asegura que la siguiente directiva, la siguiente asamblea o el siguiente gobierno de turno vaya hacer honor a la palabra empeñada y continuar con el apoyo$$$$ comprometido por sus antecesores. Y, por lo tanto, optas por marginarte.
Continuará
Estas son las fallas estructurales que Chile presenta hoy para impedir el adecuado funcionamiento y desarrollo de la profesión de guía de montaña. En la próxima entrega iremos al callo, el cuesco y la médula.
Hasta entonces y mal año.