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Un Buen Ejemplo
Por el Anticristo (julio 2006)
Montes
Juan Sebastián Montes fue, por lejos, el mejor montañista
chileno entre fines de la década del 80 y comienzos del 90.
Visionario, polivalente, ambicioso... andaba siempre años
luz por delante del resto.
No hay mejor ejemplo de ello que lo ocurrido en 1994, cuando se
dirigió al sur de Chile para intentar abrir una nueva ruta
en los 1.300 metros de la vertiginosa Pared Este de la Torre Central
del Paine.
Gracias a su capacidad de gestión pudo reclutar a escaladores
de primer nivel (el ecuatoriano José Vélez, el estadounidense
Soames Floweree y el chileno Andrés Zegers) y conseguir recursos
que le permitieron comprar equipo técnico y realizar una
expedición de "entrenamiento" a Yosemite. A Paine
llegaron en noviembre de ese año, con la intención
de permanecer dos meses. Como pocas veces se ve, el éxito
parecía asegurado...
Sin embargo, hubo problemas. A poco andar tuvieron que descartar
la idea de abrir una vía y debieron meterse derechamente
en "Una Fina Línea de Locura" (esa magnífica
ruta abierta en 1993 por Lloyd, Garbel, Plaza, Calvo y Luro, un
equipo cuya edad promedio era de ¡22 años!). Después
la progresión se reveló más lenta de la prevista
y, como causa o efecto, vaya uno a saber, se generaron conflictos
internos que terminaron por socavar la moral del grupo.
Así, no sorprendió saber que, al llegar la última
quincena de diciembre, teniendo equipados ya 21 largos y faltándoles
sólo 1 desde donde en teoría se podría iniciar
un ataque de cumbre, la expedición se diera por terminada.
Bésser
El fracaso inicial de Montes no pasó desapercibido en el
pequeño mundillo de escaladores nacionales. Mal que mal,
la Torre Central del Paine por aquellos años no había
sido escalada por chilenos y era un logro más apetecible
que las caderas de Shakira. Tanto así, que sencillamente
Pablo Bésser no pudo resistírsele.
En aquellos tiempos él estaba en plena forma, con un par
de temporadas muy buenas. Particularmente la de 1994, cuando casi
había escalado el Fitz Roy con Waldo Farías, deteniéndose
al final del último largo de roca debido a lo avanzado de
la hora y la tormenta en ciernes. A Bésser le habría
encantado tentar alguna ruta irreverente en la Torre Central, pero
cómo sólo disponía de dos semanas de vacaciones,
tuvo que enfocarse en la más directa de todas, la Bonington
(VI, 5.11, A1). Su cordada fue Esteban Chacón (otro veterano
de aquella famosa expedición del DAV a Patagonia a principios
del 90).
Llegaron a Paine pasadas las navidades del 94 y el 1 de enero realizaron
un primer intento que terminó en el largo 5 por mal tiempo.
Varios días después un segundo esfuerzo, en el cual,
a pesar de realizarlo en condiciones iguales de malas, llegaron
al final del largo 8, donde pasaron una noche miserable: sin bolsa
de dormir, sin comida, sin anafre... tan sólo un saco de
vívac para los dos, en el cual, típico, no cabían.
A las 4 de la mañana, y como las condiciones no mejoraban,
se bajaron.
No hubo tiempo para más intentos. A pesar de las ambiciones
subyacentes, la Torre Central seguía invicta ante los esfuerzos
nacionales.
Arancibia
En el verano del 94 una expedición de la Universidad Metropolitana,
liderada por Rodrigo Vivanco, había intentado infructuosamente
lograr el primer ascenso chileno a la Torre Sur del Paine.
Lo relevante para este cuento es que en dicho grupo estaba otro
también delgado escalador llamado Darío Arancibia,
quien quedó tan prendado con la belleza de Patagonia que
se prometió regresar al año siguiente. Junto a su
amigo Carlos Fuentes ya estaban organizándose para ir a escalar
la Bonington, cuando fueron invitados por Juan Sebastián
Montes a participar de un nuevo esfuerzo por terminar "Una
Fina Línea".
Esto porque, tras terminar las fiestas de fin de año del
94, y por razones varias que van desde roces personales hasta compromisos
laborales, ninguno de los miembros del equipo original (Vélez,
Zegers, Floweree) iba a regresar para terminar la vía, dejando
a Montes en la inusual situación de tener una ruta pero no
escaladores.
Arancibia y Fuentes aceptaron. Junto a Montes, llegaron al campamento
Torres a mediados de enero de 1995. Esta vez la cohesión
grupal fue mayor, pero los resultados no mejoraron. En 20 días
de esfuerzos sólo alcanzaron a hacer dos intentos: en el
primero escalaron 5 metros y revisaron el estado de las cuerdas
(tras llevar un mes colgando), y, en el segundo, en medio de un
temporal espantoso, Fuentes lideró el largo 22.
Al despuntar febrero de aquel año, y debido a responsabilidades
adquiridas con anterioridad, Montes hubo de retirarse. Dejó
a Fuentes y Arancibia a cargo de la consecución del proyecto
y abandonó esta apasionante historia para siempre.
Fuentes
Los que quedaron tenía un estilo diferente de hacer las cosas.
Por ejemplo, aceptaron la colaboración de otros escaladores
que estaban por ahí.
Primero fue con el brasileño Ingo Möeller, quien alcanzó
a liderar 2 largos más antes de enterrarse un clavo en la
planta del pie (por caminar a pie pelado en el campamento). Cambio
en el equipo. En el siguiente pique, y respectivo peque, fueron
Mauro Vásquez y Jorge Casanova, donde Arancibia hizo un largo
más, el 25. Infortunadamente Casanova no la tuvo fácil;
se asustó sobremanera del estratosférico jumareo y
también se fue para la casa.
La temporada llegaba a su fin y Fuentes y Arancibia se animaron
a un esfuerzo definitivo, tipo todo o nada.
Salieron el 27 de febrero. Tras subir 500 metros se puso a nevar
y se bajaron. Pero, al llegar al base, típico, se despejó.
Al día siguiente, vuelta a subir hasta el vívac del
largo 12 y luego, a la 1 de la mañana del 1 de marzo, comenzaron
a moverse. Jumareo hasta el final de las cuerdas fijas, un largo
de Arancibia, otro de Fuentes, se conectaron a la Bonington, avanzaron
en simultaneo, otro largo más de Arancibia y, a las 6 de
la tarde, la antecumbre.
Cuando ya Arancibia estaba en pleno movimiento para seguir hacia
la cima, Fuentes lo detuvo. Más que hastiado de todo, y mientras
preparaba la cuerda para hacer el primer rapel de regreso, le decía:
- Darío, hermano, hemos hecho lo suficiente.
Zegers
Por cada puerta que se cierra, otra se abre. Como la comunidad dio
por escalada la Torre Central, entonces se abocó completa
a otra carrera (la cual, por supuesto, todos negaban): el primer
ascenso chileno de la Torre Agostini (más conocida como Torre
Sur).
Varios grupos lo intentaron al año siguiente, entre ellos
los ya conocidos Bésser, Fuentes y Chacón. Pero el
premio se lo llevaron André Labarca, Jorge Casanova (recuperado
del susto del año anterior) y el mismo Arancibia, quienes,
tras ascender la normal a la Torre Norte, entre el 30
y el 31 de enero de 1996 escalaron en estilo alpino la ruta Aste
a la Torre Sur. Con ello, Arancibia se convertía en el primer
chileno en subir las 3 Torres del Paine.
Zegers también escalaría la Torre Sur (una semana
después del ascenso de Arancibia acompañado de los
americanos Scott Lazar y Cameron Tague). Luego, dos años
más tarde, completaría en 47 horas round-trip "Rosso
di Sera" (acompañado por el estadounidense Steve Schneider)
y, poco tiempo después, terminaría la Torre Norte
por la ruta "Última Esperanza" (6b+, A2, 500 m).
Otra tripleta.
Así parecía terminar la historia de la apasionante
aventura chilena por conquistar las 3 Torres del Paine.
Mas no. Faltaba algo.
Sí. El cristo de las masas ignorantes. El infaltable.
Purto
El sábado 14 de marzo de 1998 Mauricio Purto publicó,
en la última página del Cuerpo de Deportes de El Mercurio,
una larga e interesante entrevista a Andrés Zegers.
En aquel artículo, hoy todo un clásico, intercalado
con los detalles que Zegers entrega acerca de la escalada a "Rosso
di Sera", Purto denomina a Zegers como el verdadero primer
chileno en subir la Torre Central del Paine y, luego, por inducción,
en el primer chileno en subir las 3 Torres. Todo basado en el hecho
que Arancibia y Fuentes no habían llegado realmente a la
cumbre de la Torre Central, sino tan solo a su antecumbre.
Y ahí sí que ardieron Troya, Nínive y Bizancio.
Ira, fuego, el Apocalipsis; Bésser y Jordán tomados
de la mano. La comunidad de escaladores nacionales llegó
a hervir tres veces en aceite de chunchules con chicharrones por
la polémica.
¿Y por qué? ¿Qué tanta cosa?
¿Es que acaso había alguna mentira o falsa acusación
en dicho artículo?
No. Todo lo contrario, la entrevista era casi
perfecta en la información que entregaba. Cero faltas. El
problema era otro: no es que no era la verdad... sino que no era
toda la verdad.
In Memoriam
Las razones de la polémica la explicaré en el siguiente
capítulo, pero antes de terminar no quería dejar pasar
la oportunidad de recordar brevemente a algunos de los que se vieron
involucrados en esta linda historia.
Phillip Lloyd murió al salirse el friend del cual hacía
un rapel en la ruta "Caballo del Diablo", en la Torre
Norte del Paine. Teo Plaza falleció en abril de 1994 cuando
una avalancha lo arrastró a él y a otras 9 personas
en el Filo de la Vieja, en el Tronador. Jorge Casanova pereció
intoxicado por monóxido de carbono el 24 de junio del 2000,
bajando de Pascua Lama, cuando una nevada tapó el tubo de
escape del vehículo en el cual pernoctaba. Cameron Tague
se cayó en un sector fácil pero expuesto en la aproximación
al Diamond Face (Long's Peak, Colorado, EE.UU.), el 6 de julio del
2000. Carlos Fuentes murió en febrero del 2002, cuando la
camioneta que conducía cayó al río Maipo a
la altura del poblado del Toyo.
Quem di diligunt, adolescens moritur.
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