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Acerca del Doping...
Por el Anticristo (marzo 2008)
A estas alturas ya se habrán dado cuenta que el montañismo permite la coexistencia de dos tendencias: considerarlo como una actividad de crecimiento existencial o bien como un deporte (y de ahí la opción que sea competitivo). Visiones que se complementan pero que se rigen por leyes y criterios distintos.
La razón para sacarlo a colación ahora es que las ideas que paso a compartir con ustedes a continuación se refieren única y exclusivamente al montañismo deportivo competitivo. Intentar extenderlo a la otra esfera, la de desarrollo personal, no tiene sentido.
Aquí Me Falta Algo
El montañismo deportivo competitivo es hecho por aquellos que, por las razones que sean, tienen el deseo de ir más lejos, más rápido y convertirse en los mejores.
Ambiciones que generalmente van acompañadas por el anhelo que sus logros les sean reconocidos, un fenómeno que es habitual en los deportes y que no tiene nada de criticable. Siempre y cuando cumpla con un gran requisito de por medio: que no haya trampa.
Engañar en montañismo no es difícil. La conocida característica que se realiza sin la presencia de público o árbitros hace que sea muy fácil distorsionar el espacio-tiempo (o sea, mentir). De ahí la importancia de tomar resguardos para poder “saber”, siendo uno de ellos entregar, pedir o exigir a sus autores la mayor cantidad de información respecto a lo que se ha hecho. Así no sólo se construye una base lógica para armar el clásico deseo de "querer creerle" a quien dice que hizo algo, sino que también le permite a la comunidad hacer comparaciones válidas y, de paso, deja listos los andamios para que después otras personas puedan repetir o mejorar lo que se ha hecho.
Esta información solicitada no tiene nada de especial. Son las clásicas ¿qué hiciste?, ¿cuándo?, ¿cómo?. De las cuales luego a veces se derivan otras más específicas: ¿cuánto te demoraste? ¿cómo bajaste?, ¿estabas solo?, ¿abriste huella?, etc.
Conjunto de preguntas estándar que no merecería comentario alguno de mi parte, sino fuera porque mágicamente no incorpora, ni hace mención a si la actividad en cuestión fue hecha o no bajo la influencia de psicotrópicos.
Justicia Divina
Hablar de drogas es un temazo.
Pero, hoy, aquí, lo comento no porque deseo establecer un debate acerca de si consumirlas es una decisión personal (o no), si ellas producen daño (o no) o si deben ser legales (o no). Lo saco a colación porque tienen el potencial de convertirse, en la forma del doping, en una máquina de hacer fraudes.
Tenemos que entender que desear ser considerado como "deportistas", y disfrutar del status de semi-dios asociado que la prensa rápidamente construye, tiene costos, siendo uno de ellos condenar el doping en todas sus expresiones. Sin medias tintas ni dobles discursos. Algo que los montañistas, al menos hasta la fecha, no nos hemos preocupado de hacer.
No sólo no lo comentamos sino que, peor aún, lo tratamos con indulgencia, sin generar ningún tipo de censura social al respecto. Como si doparse fuera una especie de “choreza”.
Pero debiéramos, porque está derechamente mal. Es injusto premiar a Tubería Gómez, que por ejemplo fue el más rápido en subir la Paloma con 2 horas, si lo hizo tras ponerse sucesivas dosis de acetazolamida 24 horas antes de partir (convenientemente reforzadas con cocaína). Inequidad que se extiende a Pistol Pablo, quien terminó segundo con 4 horas pero “limpio”.
Dopen
Doping es una palabra que etimológicamente hablando
se deriva del holandés "dopen" (que significa sumergir), un uso
que al parecer provino del sudoeste de África y que era utilizada
para denominar la trampa de disminuir el rendimiento de los caballos
de carreras.
La acepción que se le da hoy, la de falsear el rendimiento deportivo, ha visto varias definiciones a través del tiempo, pero una clásica que sirve como punto de partida fue la determinada en 1964 por la Federación Internacional de Medicina Deportiva:
"Doping es la administración a un atleta, o el uso por un atleta, de cualquier sustancia ajena al organismo, o cualquier sustancia fisiológica en cantidades anormales, o incorporada por una ruta de ingestión anormal, con la sola intención de aumentar artificial y deslealmente su rendimiento"
Desde aquel entonces (40 años atrás), mucha agua ha corrido en el río en la forma de acuerdos, redefiniciones y listas de substancias prohibidas. Pero, palabras más, palabras menos, lo que se mantiene es la idea de defender la ética del deporte, incluyendo en este concepto la mantención de la igualdad de oportunidades y la protección de la salud de los atletas.
Sí pues, porque, se me había olvidado comentarlo, uno de los problemas derivados del doping, más allá del engaño, es que tarde o temprano sus efectos secundarios terminan por matar al huésped.
Bergsport
¿Tiene sentido hablar de doping en Montañismo?
Buena pregunta. De la cual se derivan otras igual de interesantes. Por ejemplo, si así fuese, ¿cuáles serían las conductas y substancias prohibidas? ¿Quién debería supervigilar el fenómeno? ¿Cómo serían los controles anti-doping? ¿De qué sanciones estamos hablando?
Bien complicado el asunto. Porque montañismo es una bolsa de gatos que agrupa muchas actividades diferentes, las cuales, si no fuera porque comparten un escenario o pasado común, podrían perfectamente ser deportes por sí solas (¿qué tiene que ver una travesía polar con un big-wall?).
Por eso, tratando de jugar limpio yo también, creo que para responder honestamente la pregunta anterior es mejor separar el alpinismo en dos grandes grupos.
Montañismo Muscular
En el primero yo colocaría a aquellas actividades que requieren más del músculo que del cerebro.
No me refiero a las hechas por los tontos, sino que a las expresiones deportivas en las que importa mucho más el desplazamiento físico que la toma de decisiones.
Se identifican fácilmente porque son las que se desarrollan en terrenos de aventura más bien "normales". Nada de paredes, climas extremos o grandes altitudes, sino que caminatas, cerros bajos, competiciones de esquí, carreras de aventura o similares.
Situaciones en las cuales el "atleta" está inmerso en una situación "relativamente controlada”. Donde hay bastante información del terreno que atraviesan, existe buen soporte logístico en caso que haya problemas y la extensión en el tiempo de la actividad es menor (comparada, claro está, con lo que dura una expedición a Himalaya). Contexto que permite que el atleta sencillamente se preocupe de subir, bajar, correr y trepar y no decidir nada. Como si fuera una mula.
En estos casos, estoy absolutamente convencido que prácticamente cualquier cocktail estándar de estimulantes prohibidos en otros deportes basados en la resistencia (maratón, ciclismo, natación, triatlón) aquí también sirven. Así es que sí, en este contexto SÍ tiene sentido hablar de doping y, consecuentemente, debiera ser un tópico a considerar, discutir y normar.
De hecho, y sólo por citar un ejemplo, las competiciones de esquí de montaña ya tienen control-antidoping (incluso en el sudamericano de Chillán de septiembre del 2007 se realizó). Si aquí ya existe el "riesgo" de doping (de lo contrario, no se haría el control), entonces, no hay ninguna razón para no pensar que también se podría dar, por ejemplo, en una carrera al San Ramón.
A propósito, son por esas mismas razones, y por favor déjenme decirlo que si no me atraganto, que siempre me ha parecido un escándalo que no sea práctica estándar el control antidoping en las carreras de aventura. Para evitar casos hipotéticos como el del team auspiciado por Vicodín, que recorrió 800 kilómetros en 4 días sin dormir ni comer nada, y después se fue para la casa trotando rápido porque tenían que llegar a pintar la casa.
Explicando su extraordinario performance sólo al hecho que comen betarragas.
Montañismo Cerebral
Pero si ahora nos remitimos a aquellas actividades que se adentran en un terreno en que la aventura es seria, la cosa cambia.
Como se desarrollan en elevadas altitudes o en sitios que no existen caminos, apoyo o información, ya no basta el puro rendimiento físico bruto para dominar (como el anterior), sino que se requiere de una cabeza lúcida para resolver adecuadamente los incontables nuevos escenarios que se van apareciendo. ¿Por dónde sigo? ¿Viene mal tiempo? ¿Desescalo? ¿Cruzo el glaciar o lo rodeo? Preguntas que reflejan no sólo situaciones de éxito/fracaso, sino que también otras que son del tipo vida/muerte.
En este tipo de situaciones el doping, al menos a la fecha de hoy, no tiene sentido. No porque los montañistas que lo practican sean mejores o más iluminados que el resto de los terrícolas (que no lo son), sino porque cualquier supuesta ventaja fisiológica que una sustancia pudiera entregar, se anula al alterar el delicado equilibro químico-hormonal que permite, entre otras cosas, poder pensar claramente.
Dicho de otra forma, ¿de qué me sirve poder subir más rápido si voy en la dirección equivocada?
Además que, dado que normalmente la duración de las actividades de las cuales estamos hablando no se mide en horas sino que en semanas o meses, las “resacas” del consumo de las drogas en cuestión ocurrirán durante la “competencia” misma, generando un problema mayúsculo a quien la sufre dado que todavía estará inmerso en el esfuerzo.
O sea, resumiendo, según yo, hoy, ahora, en el Montañismo Cerebral no tiene cabida el doping.
No Hay Primera Sin Segunda
¿Y que hay del Diamox? ¿O el Oxígeno? ¿Qué pasa con la marihuana, la cocaína y el LSD? ¿Y todas aquellas mágicas drogas que aún están por llegar?
Las veremos en la próxima columna, segunda parte y final de esta pequeña serie dedicada a todos esos químicos que nos venden la ilusión de pensar que somos mejores.
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