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Doctor Corazón
Por el Anticristo (febrero 2004)
Estimado
Anticristo:
Disculpa si te molesto, pero reconozco que estoy confundido y no sé
que hacer. Sé me ocurrió que quizás tú pudieras aconsejarme acerca de un
problema que me está afectando y que sospecho puede llegar a arruinarme la
vida.
No sé por dónde partir. Quizás por
decirte que, modestia aparte, creo que soy un buen escalador y
montañista. Bueno, no sé bien que puede significar eso para ti...
Mejor digamos que es mi pasión. Vivo planificando expediciones
en el escaso tiempo libre que me queda, estoy subscrito a varias
revistas, ya estoy armando una colección de libros y apenas puedo
me compro mosquetones, linternas y GPS. ¡Ah sí!, por supuesto,
tengo el mueble lleno de catálogos.
El punto es que desde hace un año
y medio pololeo con Kirsten, una preciosa abogada que me tiene
vuelto loco. Es simpática, agradable y brillante (esto no lo digo
yo; fue la primera de su generación y ya es socia de "Cotapos,
Pérez, Muñoz, Larraín, Villegas y Jofré").
Estamos pensando en casarnos en la siguiente primavera. No
me puedo quejar. Mi vida está completa.
Pero...
Hace un mes pasó algo que me
ha hecho empezar a tener mis dudas acerca de mi relación con Kirsten.
Habíamos ido al teatro, ahí en la
Plaza Ñuñoa, para ver la obra "¿Por Qué Soy Una Vagina?"
(¿la has visto?). Después nos fuimos a tomar algo con sus amigas
y estábamos de lo más relajados en medio de la conversación cuando
ella, ante el típico tema de que cuándo nos íbamos a casar y cómo
iba a ser nuestro futuro, dijo: "Sí, él ahora está
escalando todo lo que pueda, porque después no le va a quedar
más tiempo para practicar su hobby".
¡Craaaaaaack!
Me quedé helado. Llegué a sentir viento frío en los pelos del poto.
Ya estoy amaestrado, así es que obviamente no contesté. Por nada del
mundo querría desencadenar esa mirada care'combo que presagia un par de
puñetazos a la primera oportunidad que estemos solos. Muy abogada será, pero lo
de apasionada mujer latina no se le quita nadie.
El asunto es que después de eso, cada vez que hemos vuelto a
conversar acerca de los hijos, la casa o el ahorro, desliza frases con amenazas
tan sutiles que no me queda claro su significado exacto. Por ejemplo, la semana
pasada me dijo que "no tenía problema en darme una pared de la casa para
que colgara los piolets... como recuerdo". Tan linda ella, apenas lo dijo,
se rió y me miró con opción de lujuria próxima que me nubló ipso facto los dos
cerebros.
Pero ayer tuvimos un encontrón más serio. Le conté que tenía pensado
ir al Ojos del Salado en las próximas vacaciones con la Mimí, la Coté y el Juan
Esteban, a lo cual me dijo que cómo era posible, qué en ese momento íbamos a
tener sólo dos meses de casados, que estábamos comprometidos a ir a la playa a
la casa de sus papás, que ya debía empezar a cortarla, que por sobre su cadáver
iría con la Coté, que me fuera acostumbrando, etc., etc., etc.
Al ratito nos pusimos en la buena, pero el gusto amargo (de la
discusión) todavía me dura, porque sospecho que los días de mi
"hobby" están contados.
Me siento confundido, Anticristo.
Hasta ese momento de la vagina, me refiero a la obra, Kirsten
había sido bien tolerante con mis ausencias, las cuales tampoco
eran nada del otro mundo, dos días aquí, cuatro
días allá. Incluso yo tenía la teoría que mis "aventuras"
le daban un tema exótico a ella para comentarlo con sus antiorgásmicas
amigas: ¿supiste María José que mi pololo acaba de llegar del
Aconcagua? Estuvo 10 días sin bañarse, fíjate.
Pero como que ahora hubiera cambiado.
Nunca sale conmigo ya y apenas agarro un arnés pone cara
de fastidio.
No te voy a engañar. Estoy perdidamente
enamorado y me veo construyendo algo con ella. Es la mujer de
mi vida. Pero también es cierto que para mí el montañismo
y la escalada no son un hobby. Son importantes para mantener mis
equilibrios. Sin ellos, me volvería loco.
¿Qué hago?
Atentamente,
Estimado Liguarjo:
Me he quedado anonadado ante este morrocotudo
lío tuyo.
En parte porque ¿quién soy yo para darte
consejos sentimentales? Debes saber que cada vez que doy uno, especialmente
aquellos referidos a esta área, todo se complica y tuerce. No. Esta vez amigo
mío, prefiero dar un paso al costado.
Lo que no quita que pueda comentarte un par de
cosas...
Por ejemplo, que tu problema no es nuevo y se relaciona
con el viejo dilema "la montaña o yo". ¿Sabías tú que
la lista de montañistas que lo han enfrentado es más larga que la
esperanza de los pobres? Y para que te voy a engañar. Bastantes
más de los que te imaginas piensan definitivamente que, para sus
vidas, la primera es más importante que la segunda. Aunque jamás
lo reconocerían, ni a si mismos ni menos a sus parejas.
En todo caso, por el tenor de tu carta, me parece que te localizas
en el mayoritario segmento de quienes tratan de mantener las 2M.
Lo mejor de los mundos; montañas y mujeres. Sí tuvieras éxito, podrías
seguir escalando toda tu vida cómo y cuándo se te viniera en gana
y, de rebote, tendrías a tu lado una mujer bella, exitosa y adorable,
que te entregaría alegría, casa y sexo casi a voluntad.
Tamaña masculina frescura sólo es una expresión
más de la eterna ambición humana y no osaré comentarla ahora. Pero,
Liguarjo, si aspiras a estar en este grupo de las 2M, entonces ahí
sí que me atrevería a darte un consejo. Sólo uno. Y pon mucha atención
con los condicionales que la preceden.
Amigo mío... si realmente te ves haciendo montañismo
toda tu vida, si es para ti igual de importante o más de lo que
es tu pareja, si a ésta la amas, deseas construir una nueva
vida a su lado y quieres tener una relación duradera basada en la
honestidad, entonces tu primer y obligatorio paso es ir y decirle,
explícitamente, con todas sus letras, sin lugar a confusiones, lo
mismo que me has dicho a mí. Es decir; que la amas pero que seguirás
practicando este deporte toda tu vida y que nada ni nadie te hará
cambiar de parecer.
Si tal revelación causa una fisura en tu
relación, además de un par de ojos negros, es mejor que sea ahora antes que
demasiado tarde. No esperes a que lleguen los hijos, la casa o las deudas.
Puede que no le guste. De acuerdo. Pero si
realmente la amas, se lo debes. Ella merece saber a quien realmente le está
entregando su vida.
He dicho.
PD: fight
smart, use helmet.
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