Anticristo: Diapodistorsión
La Columna del Anticristo
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Diapodistorsión
Por el Anticristo (1 abril 2003)
Tal es el nombre de un fenómeno cada vez más presente en el montañismo nacional y del cual, debo admitir, yo tampoco estoy ajeno.
Para explicarlo, pongamos un ejemplo. Tú, un apasionado cultor de nuestra disciplina, vas a un cerro, das lo mejor de ti para llegar a su cumbre (puede que te vaya bien o mal, no importa) y luego regresas a casa con una increíble experiencia que deseas compartir.
No pasará mucho tiempo antes que algunos amigos te pidan que les muestres las diapositivas. Luego, dos o tres clubes te programarán en su ciclo anual de diaporamas y, más tarde, algún comité oficial te solicitará que hagas un par de presentaciones contando tu experiencia. Incluso, es posible que alguna empresa te considere dentro de su programa de capacitación, como un ejemplo a seguir.
Estos hechos te llevarán a repetir tu historia varias veces, en ocasiones con matices o bien reorientadas hacia quienes te escuchan. Pero el núcleo del relato es el mismo. Fuiste a tal lugar, con zutano y mengano, subiendo por aquí y bajando por acá.
La aventura, por ende, debería ser siempre la misma. ¿Cierto?
Pues no.
Al parecer vivimos en un universo donde la repetición sucesiva de una historia de montaña gatilla la distorsión del espacio-tiempo. Es así como en cada nuevo diaporama el día fue más frío, la jornada más larga, la cumbre más cercana.
Supongamos que en este ejemplo que hemos creado no hiciste cumbre. La primera vez que muestres tus diapositivas explicarás que se debió a que había un difícil hongo somital de cien metros de altura. En la segunda charla comentarás que en realidad llegaste hasta cincuenta metros de la cima, pero que no la subiste porque el hongo estaba a punto de caerse. En la tercera, definitivamente alcanzaste la cumbre, porque el hongo flotaba en el aire y estiraste el bastón de esquí hasta tocar el punto más alto que verdaderamente pertenecía a la montaña.
Lo anterior parece inocente costumbre, divertida incluso, pero en verdad no está nada de bien.
Nuestras historias de montaña tienen el potencial de ser analizadas desde diferentes puntos de vista. Es más, lo que las hace realmente apasionantes con el paso del tiempo es que nuestro recuerdo de ellas se enriquece al recordar un matiz, un detalle, un rasgo que antes había pasado desapercibido. Y por eso, cada vez que las cuentas son diferentes.
Pero la diapodistorsión apunta en la dirección opuesta, haciéndonos decir cosas que derechamente no fueron verdades y, de paso, desinformando.
Si el viento era fuerte, eso no significa que eran ciento cuarenta kilómetros por hora. Si hacía frío, no es necesario enfatizarlo diciendo que hacían treinta grados bajo cero. Y si nos quedamos a cien metros de la cumbre, bueno, eran cien metros.
Y no cien dividido por el número de diaporamas.