Anticristo: Una Blenorragia Final
La Columna del Anticristo
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Una Blenorragia Final
Por el Anticristo (marzo 2007)
La razón por la cual era relevante tocar el tema de cómo hoy en día se hace propaganda de las escaladas, es que sientan precedentes.
Porque, si por efecto de esta masa letal de desinformación se dan por correctas ciertas costumbres, los que vienen después se sienten con todo el derecho para que a ellos también se les juzgue basándose en el mismo criterio. De no hacerlo, caeríamos en injusticias (vuelta al concepto central que dio origen a esta serie de artículos). A algunos privilegiados se les permiten reglas laxas; al populus, no.
Desde este punto de vista, los casos de Lowe y Humar son funestos. Si el esloveno se puede dar el lujo de considerarse exitoso aunque abandone la pared mil metros antes que ésta termine, ¿por qué no hacer lo mismo con las otras escaladas iguales de épicas que se han visto en el Himalaya? Por ejemplo, Kurtyka y Shauer en el Gasherbrum IV.
De no cambiar este enfoque, uno en el cual el éxito no vendría dado por el arribo físico a un punto especial sino que por la entrada a una nunca bien definida "zona de éxito", derechamente caeríamos en "montañismo político", donde la realidad ya no sería tan central porque, si se tiene el poder adecuado, se pueden arreglar las cosas para cambiar la percepción pública y, luego, recibir la fama asociada a ella.
Siempre el montañismo fue el ejemplo ideal de la igualdad de oportunidades. No importando si eras rico o pobre, alto o chico, blanco o negro, enfrentado a una cruel montaña sólo serías juzgado por tus actos, no por tu dinero o influencias. Pero, de predominar el "montañismo político", imagínense entonces la desventaja que tendrían al respecto un par de flaites versus las expediciones de los famosos, aquellas constituida por gente importante y de adjetivos rimbombantes. Éstas casi podrían asegurarse la victoria desde un principio, sepultando cualquier oposición con la pura fuerza de su difusión.
Como es obvio, yo estoy en contra de este fenómeno. Lo encuentro inaceptable y, coherentemente, me he negado a catalogar como exitosas las actividades de Humar, Lowe y los tres millones de aprovechados que vinieron después.
Enfermo Terminal
Casos como los anteriores ocurren porque la antigua definición de éxito deportivo era demasiado angosta para aplicársela a fenómenos actuales. Si antes bastaba con determinar si se había llegado o no la cima, hoy no necesariamente es así. Escaladas de rasgos geográficos "secundarios", encadenamientos de rutas, records de velocidad, travesías multidisciplinarias y otras actividades de estructuras espurias, obligan a redefinir lo que entendemos por "éxito deportivo".
Fácil decir, espinoso de hacer. Porque la solución se ha rebelado tan escurridiza que pareciera ser imposible de alcanzar. No importando cuán inteligente y flexible haya sido una definición, al final siempre termina dejando afuera a expresiones válidas.
Pero, una vez más, y como ya he dicho tantas veces en el pasado, que sea difícil dar con lo "correcto" no significa darse por vencido y aceptar cualquier cosa (que es exactamente lo que ocurre hoy en día). Que algunos remedios sean peor que la enfermedad, no significa que dejemos de tomar medicamentos. Sencillamente buscaremos una droga nueva, o insistiremos en usar el mejor tratamiento existente. Aunque no sane, será mejor que nada.
Yo gustoso le haría el quite a este menudo problema, pero, por razones que explicaré más adelante, estoy obligado a sumarme a tal esfuerzo: crear alguna guía que me ayude a determinar cuándo las escaladas merecen ser consideradas como intentos y cuándo son exitosas.
Sé que más y mejores personas lo han intentado en el pasado, así es que esta vez no pretendo llegar a la Luna y crear una definición que lo explique todo. No. A diferencia de la formulación de la PAPA, esta vez para serme útil me basta con colocar por escrito las cosas en las cuales yo me fijo para emitir aquel temido juicio final (éxito o intento).
Esfuerzo suficiente para que, por muy equivocado que yo éste, al menos no se me diga que soy incoherente.
Guía Exprés
Son 6 puntos:
a) Existencia de una Cumbre Lógica. Entendiendo a ésta como el fin natural de una línea imaginada. Puede ser un filo (tras terminar una pared), una antecumbre (tras escalar una arista) o, caso por defecto, coincidir con la cima física propiamente tal. Con eso en mente, yo defino el éxito como la llegada física a la cumbre lógica. Y si en ocasiones no es evidente dónde se encuentra dicho punto, THEN GOTO criterioB%.
b) Aplicar el Sentido Común. El cual nunca funciona mejor que al ver una fotografía de lo que hizo un escalador en una pared. Si la línea parece ser absurda, es porque normalmente algo raro tiene. Les sorprendería saber cuántas anunciadas "nuevas" rutas se detuvieron en cualquier punto, a medio camino entre la nada y lo inútil. Como si los tipos se hubieran devuelto más por un problema de capacidad que por haber arribado a un final natural.
c) Considerar el Objetivo Original. Por la boca muere el pez. Nunca olvidar comparar lo que se dice que se va a hacer ANTES, con lo que se expresa DESPUÉS. Si un grupo clama a los 4 vientos que pretende ser el primero en llegar a la cumbre por un espolón en particular, y luego se devuelve tras sólo recorrer la mitad de él, da lo mismo lo que ellos o sus auspiciadores argumenten al regreso. Los involucrados ya fallaron en cumplir el objetivo que ellos mismos se fijaron.
d) Revisar los Antecedentes Históricos. Quienes repiten rutas tienen menos espacio para maniobrar, porque se abocan a un esfuerzo que ya tiene un final preestablecido (dado por la cumbre lógica alcanzada por quienes abrieron la vía). Si los primeros llegaron hasta el punto A, quienes siguen AL MENOS deben alcanzar dicho lugar. Si no lo hacen, y se regresan antes afirmando que tuvieron éxito, ya no sólo pecan de equivocados, sino que además caen en el delito de entregar información incompleta (porque quien escucha que "repitieron" el itinerario, asume eso; que lo ¡re-pi-tie-ron!, es decir, en términos de recorrido, una copia de lo hecho antes).
e) Evitar el Compadrazgo. Los montañistas tienden a ser MUY indulgentes con sus amigos y MUY estrictos con los demás. No es sólo por cobardía de decir lo que uno piensa, sino que también es producto de un mal entendido espíritu de grupo. Clásica llamada telefónica: "¿Supiste? ¡Sí! ¡Daniel escaló el Torre! No, no subió el hongo. ¿Cómo? ¡Noooooo!, el caso de Juan Famoso es distinto; él también llegó al mismo lugar que Daniel, pero no lo subió. ¿Qué por qué Daniel sí? Galla, porque él se lo punteó todo mientras que al otro lo subieron..."
f) Recordar que la Cumbre Importa. Lo dejé para el final para que no se olvide. No importa cuánto abramos el saco o cuánto criterio apliquemos, aún hoy en día la llegada física al punto más alto IMPORTA. Messner está equivocado; no es secundario. Podemos hacer excepciones y entender que los tiempos han cambiado. Pero tal apertura NO disculpa ni es excusa para todos aquellos pajeros que, por falta de físico, técnica o ánimo, no fueron capaces de seguir hasta el final.
Casos y Ejemplos
Usando los puntos anteriores como armas de destrucción masiva, si alguien viniera ahora y dijera que repitió la ruta de los Eslovenos al Trapecio, pero que se devolvió 450 metros antes, yo les diría NOP (usando el argumento de Antecedentes Históricos).
Si Humar hubiera seguido derecho hacia arriba, llegando al filo Este sin las ya comentadas travesías, yo hubiera sido el primero en aclamar su éxito. Sin embargo, dado que se saltó el sector más difícil y, además, se puso la soga al cuello él solito al decir antes de partir que su objetivo era escalar la Pared Sur, usando los criterios de Cumbre Lógica, Sentido Común y Objetivo Original, yo también diría NOP.
El cruce de Ousland y Ulrich en el Campo de Hielo Sur también cae en problemas. Originalmente aquel reportaba su intención de "realizar el primer cruce longitudinal sin soporte del Campo de Hielo Sur", para luego, vapuleado por los argumentos esgrimidos en The Poles, tratar de justificar su éxito afirmando que habían sido "los primeros en ir de Tortel a Natales sin soporte". Sólo este hecho (hubo otros) ya era suficiente para chantarles un gran NOP.
Aterrizando los ejemplos a Chile, y que el Diablo me perdone, la escalada de Pablo Besser y Waldo Farías al Fitz Roy siempre adoleció de Compadrazgo, porque la comunidad nunca tuvo el coraje de combatir la imagen de éxito que el ambiente cercano a estos escaladores construyó. Ergo, NOP.
Podría seguir con más casos, pero creo que estos son suficientes para que ustedes ya puedan hacerse una idea acerca de lo que me estoy refiriendo.
Por Qué Tanta Molestia
Cada cierto tiempo alguien se me acerca y me pregunta que por qué no destapo la olla en tal o cual escalada. O bien que por qué no confronto a los implicados en la polémica del ascenso del Chiguá Norte. Cuando termino de escuchar, más que darle las gracias a mi interlocutor por el feedback, me dan ganas de decirle "¿y por qué no lo haces tú?"
Aparte que es una manera de manifestar cuánto odio la insolucionable pasividad de los chilenos, también deja en evidencia un hecho fundamental: yo no soy policía y no tengo un mandato divino ni humano que me autorice a buscar verdades. ¿Quién soy yo para arrogarme tal función?
Nadie. Yo soy nadie y soy el primero en admitirlo. Se los doy en bandeja y gratis.
¿Entonces que por qué lo hago?
Porque sin querer me disparé solito en el pie al declarar a los cuatro vientos que los recuentos pretendían ser rigurosos. Y a medida que éstos se fueron acumulando en el tiempo, tuve que mantener coherencia entre lo que había dicho antes y los juicios de las actividades que se iban agregando. O de lo contrario "justicia" no habría. Si estamos hablando de primates y al macaco le digo negro, el chimpancé no puede ser blanco.
Es en ese contexto que se explica las cosas que dije en el pasado. Que la ruta normal al Castillo (el de Coyhaique)) termina en la cumbre, que José Edwards y Alejandro Moraga no repitieron la ruta Bonington a la Torre Central del Paine, que es una vergüenza lo que ocurre con el Loma Larga (dónde no "se va" a la cumbre de verdad sólo porque ¡no se acostumbra!), que Francisco Rojas, Felipe González Donoso y Francisco Parada no hicieron la Torre Norte por la vía Monzino, que la cumbre Argentina al Tronador es un invento, que si se quiere decir que se ha escalado el San Lorenzo ha de subirse el hongo somital, que Marcos Barcena no escaló la Guilloumet, etc., etc., etc.
También he hecho juicios apresurados en los cuales yo mismo después me he dado cuenta que debería haber tenido más cuidado (todo, insisto, en aras de mantener intacto el edificio de la coherencia). Entre estos incidentes recuerdo dos: la ruta nueva en la Pared Sur del Altar de Juan Henríquez y la nueva vía en el Cayesh de Eduardo Mondragón y Andrés Zegers, en ambos casos sin llegada a la cumbre física. No estoy diciendo que ahora los considero "intentos"; tan sólo que por esos días llegué y redacté sin verificar nada, complacencia fácil que es precisamente lo que critico a los medios de comunicación (especialmente si se trata de revistas "especializadas").
Hay un pecado personal más. En los anteriores casos tuve que hacer pronunciamientos porque me los encontré en los recuentos y no pude hacerles el quite. Pero hay otros más antiguos sobre los cuales no he dicho nada sencillamente porque todavía no se me han cruzado por delante, aunque sospecho que tarde o temprano me serán enviados como proyectiles y deberé juzgarlos por más incómoda que me parezca la situación. Algunos de estos ejemplos son el Fortaleza de Juan Montes y Aldo Boitano, el cerro Torre de Dagoberto Delgado, el supuesto ascenso de Purto al Tukche, la escalada de Cassasa y Bautress a la Torre Norte del Paine, etc.
¡DEBE QUEDAR TOTALMENTE CLARO! (entiendan bien y no me saquen de contexto) que estos juicios son DEPORTIVOS y no una evaluación de la calidad humana de los mencionados. Tampoco existe aquí, en mis palabras, LA MÁS MÍNIMA INTENCIÓN DE SUGERIR QUE HAYAN HABIDO MENTIRAS O ENGAÑOS (en la mayor parte de los casos, si es que no en todos, los involucrados han dicho derechamente que no llegaron a la cumbre). ¿Ok? Aquí sólo estoy explicando por qué yo dije lo que dije, una opinión que es tan correcta o equivocada como muchas otras.
Aunque, para que engañarse, después de esto voy a tener que contratar guardaespaldas (interesados llamar al 800-SIN-AMIGOS).
Cae el Telón
Para terminar, sólo queda pendiente responder quién fue el primer chileno en subir las 3 Torres del Paine. O mejor dicho, ¿quién fue el primero en subir la Torre Central?, dado que es en esta sobre la cual existen discrepancias.
Unos dicen Andrés Zegers, otros Darío Arancibia. Todos de acuerdo en que es un caso complicado. Tanto que me demandó primero desarrollar cuatro columnas para recién estar en posición de discutir con propiedad.
El antecedente de Fatti (los primeros en abrir una ruta en la Pared Este) es relevante y pareciera ser decididor a favor de Zegers, dado que obligaba (por una ampliación de mi argumento de revisar los antecedentes históricos) a que todas las escaladas posteriores por la Pared Este llegaran hasta la cumbre.
Pero se podría decir que las vías que están muy a la derecha de la Pared tienen una cumbre lógica más evidente que aquellas localizadas en el centro o la izquierda. Es decir, que una ruta llegue a la cumbre, no obliga a que otra ruta ubicada EN OTRO SECTOR DE LA PARED haga lo mismo. ¿Entienden a qué me refiero? Habría que determinar desde que punto del paredón es válido considerar la antecumbre como cima lógica... Olvídenlo. Eso es una discusión kafkiana que no conduce a nada.
Lo concreto fue que, correcto o no, el estándar de Fatti no fue respetado. Al menos dos escaladas de la Pared Este (y sospecho que hay otras) terminaron en la famosa antecumbre y se regresaron pidiendo éxito. Éste no les fue negado y sus historias forman parte importante del legado de las escaladas en Torres del Paine. Nada de lo que yo diga o haga va a cambiar eso. Y, como consecuencia, la antecumbre de la Torre Central del Paine se transformó en una cumbre lógica para algunas rutas de la pared Este.
Consiguientemente, y para que ya vayamos pelando la naranja, ante la secundaria pregunta de si Carlos Fuentes y Darío Arancibia escalaron la Pared Este de la Torre Central, yo diría, sin ninguna vacilación, que "sí", exigiendo de paso que se acabara con el fenómeno del Compadrazgo del cual ellos fueron víctimas durante tanto tiempo.
Resuelto lo anterior, ¿significa eso que deben ser considerados como los primeros en escalar la Torre Central propiamente tal?
Bueno, no necesariamente. Y ahí es donde está el problema, porque si hay algún tipo de objetivo sobre el cual se tiende a ser súper estricto es con las "primeras" (primer ascenso, primer chileno, primer militar, primera mujer...). Para adjudicárselas, HABITUALMENTE se exige sí o sí, a todo evento, el arribo físico al punto más alto. Hay numerosos precedentes al respecto (Bourdillon y Evans) y, sólo siguiendo la cadena de silogismos, Zegers tiene todo el derecho del mundo para pedir para sí tal reconocimiento.
Y es por eso que estamos ante un callejón sin salida. Dependiendo de la ponderación que se le da a cada uno de los anteriores factores, algunos responderán Arancibia, relegando malamente a Zegers. Y por el contrario, si se decide escoger a éste, entonces no se hará más que jugar sucio con el otro. En cualquier caso, generando injusticias.
No puedo avanzar más. Tras tan larga búsqueda de la verdad sólo llegué a dos conclusiones imperfectas y contradictorias que, al mismo tiempo, son tan correctas como equivocadas. Es decir, no hay forma de contestar apropiadamente.
Por lo tanto, si de ahora en adelante alguien me pregunta quien fue el primer chileno en subir las 3 Torres del Paine, responderé sencillamente que "no lo sé".
Y, por favor, no insistan más.