Anticristo: Temporada Alta 2009-2010: Dulce
La Columna del Anticristo
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Temporada Alta 2009-2010: Dulce
Por el Anticristo (junio 2010)
Si antes habíamos visto los accidentes ocurridos a la comunidad de montañistas nacionales, ahora debemos poner el foco en la parte positiva: los principales ascensos o intentos que representaron algún grado de desarrollo deportivo, entre octubre del 2009 y marzo del 2010, inclusive. Recuento hecho gracias a la ayuda de Elvis Acevedo, Marco Rojas, Damien Gildea, Armando Montero, Fernando Zemelman, Nicolás Gutiérrez, Cristian Donoso y Fernando Fainberg.
De Lado a Lado y Vuelta a Vuelta
Partamos por el extremo sur del mundo, donde se llevó a cabo una interesante actividad: el intento de travesía oeste-este de la Península Antártica, algo que, según yo tengo entendido, nunca antes había sido realizado.
Me refiero por supuesto al esfuerzo de Cristián Donoso y Sebastián Roca, chilenos que con mucho esfuerzo organizaron el proyecto Andes Antárticos, cuyo objetivo era partir desde la costa occidental de la Península (en un lugar situado unos 130 kilómetros hacia el sur de su punta) y que intentaría alcanzar la ribera oriental enlazando varias mesetas de nieve y hielo. Luego de terminada la travesía, además, intentarían circunnavegar la Península por el norte hasta llegar de nuevo al mismo punto de partida. O sea, 500 kilómetros por "tierra" y 450 por mar. Duro. Notable. Creativo.
No hay misterio que tal proyecto sólo pudo llevarse a cabo gracias a la gestión y experiencia de Donoso, quien ya había el año anterior realizado un viaje en káyac en la zona, entre el 25 de diciembre y el 23 de febrero, historia que no había sido reportado antes en estos recuentos por tratarse de una actividad esencialmente acuática (aunque esto no es cierto del todo; al final ese año también subirían una de las cumbres del Cordón Troyano, una que al parecer estaba sin ascensos). Pero ahora, al adentrarse en un ambiente de montaña, su accionar derechamente entró en nuestro ámbito y, por ende, a su crítica feroz.
Remitiéndonos a los hechos, Donoso y Roca usaron avión a Punta Arenas, bus a Ushuaia y barco hasta la Punta Portal, el lugar de inicio de la travesía. El 11 de diciembre comenzaron a moverse. El 27, tras múltiples porteos, tormentas y enormes grietas, pudieron instalarse en el campo I; y luego, el II, el III y así sucesivamente. El 7 de enero ascendieron el monte Harris; el 30 estuvieron en el plateau Foster; el 4 de febrero en la meseta Herbert y el 16, tras terminar de cruzarla y cuando estaban por iniciar la travesía por Detroit (y esto no es chiste), tuvieron que tomar la decisión de si continuar o no. Esto dado que la cantidad de comida que les iba quedando sólo les daba un estrecho margen de maniobra. Si proseguían, y los agarraba un par de tormentas, rip. Ante la disyuntiva, optaron por bajar al Pacífico por otra ruta, hacia la costa de Danco, algo que nunca antes había sido realizado y que era un objetivo complejo pero abordable.
Dicho y hecho. Sorteando pésimo clima y un terreno accidentado, el 26 de diciembre cruzaron el glaciar Bleriot y luego el Calley hasta alcanzar, el 4 de marzo, el océano. Desde ahí, vía káyac, nuevamente el punto de partida, Punta Portal. Poco después serían evacuados hacia el mundo nuestro de todos los días por el barco Antarctic Dream.
Los logros de esta expedición son varios, pero debo partir diciendo que no tengo idea de káyac, así es que sólo me remito a lo mío, el montañismo. En ese contexto, opino que lo que se plantearon era un objetivo de primer nivel y que fue acometido con una ética impecable. La línea que trazaron en la Península, además, nunca antes había sido realizada y/o enlazada de manera alguna, cruzando sin soporte sectores que sólo habían sido recorridos con tractores o motos de nieve (que, créanme, es bastante más fácil). De esta forma, obtuvieron varios éxitos parciales (por ejemplo, haber realizado la primera travesía a pie del plateau Foster) y efectivamente fueron los primeros seres humanos en abrir una nueva ruta de comunicación entre el mar y el plateau Herbert. Por eso, su rendimiento, visto como un todo, representa un aporte real en la exploración deportiva de la Península Antártica.
Dicho eso, también es justo aclarar que el objetivo inicial no se cumplió (no se hizo lo que se dijo que se iba a hacer), que el ascenso al monte Harris no fue el primero (al menos hubo 4 previos: FIDS '57, Gambo '02, Militares Británicos '02, Spirit Crew '03) y que totalizando los kilómetros de zonas realmente vírgenes que atravesaron, al final sólo fueron 20 (el sector del Bleriot al Calley).
Ahora, como es de esperarse de un verdadero explorador polar, Donoso promete regresar nuevamente para terminar la tarea inconclusa...
Dimosbote
El mítico Chimbote, quizás la más alta montaña inescalada de Chile (¿5.498?), localizada en el valle del río Colorado al oeste del Tupungato, en la frontera con Argentina, vio al menos dos nuevos intentos este año. Primero Felipe González Donoso y Claudio Carozzi, luego Waldo Farías y Fernando Fainberg.
En realidad, desde el año 1942, que se produjo el primer acoso del que se tenga registro, la montaña ha resistido aproximadamente caletazillones de intentos. Es más, la lista de los que la han pretendido es prácticamente un verdadero quién es quién en el montañismo nacional: Thiele, Tangol, Zegers, Ambrus, Buracchio... O sea, si no has intentado el Chimbote, eres nadie.
Las 2 F (Farías y Fainberg) se prepararon a conciencia. Primero realizaron una variante a la Pared Sur del Arenas en la segunda quincena de diciembre (que salió un poco por error al meterse más a la izquierda en la sección inferior de la pared) y después, el 9 y 10 de enero, cuando partiendo por el valle del Marmolejo, abrieron en 17 horas una nueva ruta al Freile (4.598 m) una que sube por el filo y pared oeste (Iniciación, 5.8, 1.000 metros).
Después de eso, se enfocaron en el Chimbote, realizándole un intento entre el 23 y el 31 de enero, uno que transcurrió en el valle del Perdido, la ruta de la tentativa original del DAV de aquella época (a diferencia de la mayoría de los esfuerzos actuales que esencialmente lo hacen por la vertiente sur, la típica que se ve en las fotos).
A nuestros héroes les tomarías 5 días salir de Santiago, remontar el río Colorado y rodear el macizo del Pollera y Polleritas (incluyendo el paso de dos portezuelos, a 4.800 y 5.400 metros de altitud). El 28 estuvieron en posición de hacer un intento de cumbre, uno que se revelaría bastante enredado.
Partiendo a las 7:30 de la mañana de un campamento a 5.200 metros, tuvieron que bajar 60.000 centímetros y luego remontar los mismos 60.000 por un acarreo y nieve catalogada por ellos como "asquerosa". Pronto estuvieron en la base de torreones y filos somitales de la roca de más alta alcurnia que existe en los andes centrales (fecalita). Partió Fainberg en punta, pero tras un vuelo de 5 metros en el que terminó algo golpeado, dijo "dale tú mejor", y Farías lo reemplazó. Después vendrían dos largos cortos, con 60 a 70 metros de escalada neta, luego de lo cual llegaron a una serie de filos y extraplomos imposibles de escalar. Como era tarde, game over y para la casa.
Infortunadamente para Fainberg la historia no terminaría ahí. El último día, cuando ya salían de la cordillera, el caballo en el cual viajaba hizo una maniobra repentina, tipo MEO, y lo botó al suelo, quebrándole la clavícula y la escápula.
Aparte del detalle que tuvo que seguir igual en el mismo caballo por varias horas más, tendría que dejar inmovilizado su hombro por los siguientes 45 días.
El Cuento del Tío
En la XI región, tuvo desenlace la historia que Armando Montero comenzó a hilar en el 2008, acerca de una aguja de granito desconocida que sólo se podía ver vagamente desde la Carretera Austral, al norte de Coyhaique. Información proporcionada a él por Klaus Hopperdietzel, un chileno descendiente de los primeros colonos suizo-alemanes que llegaron a Puyuhuapi en la década del 50. Un personaje inmerecidamente poco conocida por nosotros con varias primeras ascensiones en el sur de Chile (Picacho, Yelcho Chico, Serrano).
La zona en cuestión está localizada a unos 120 kilómetros al norte de Coyhaique, en el sector de la Reserva Nacional Lago Las Torres. Incluso Montero mismo tuvo que ir personalmente para asegurarse que lo que le habían dicho no era el cuento del tío. Y no lo era, pues se encontró con una torre de granito bien enhiesta que bien valía la pena intentar.
En febrero del año siguiente Montero regresaría acompañado por Franco Cayupi (también chileno) y el belga Joos Ilsborux. Sin saber mucho que iban a encontrar, les tomó un día cruzar una zona boscosa horriblemente cerrada (aka, la Selva) y luego, en la segunda jornada, pudieron acceder a un glaciar que necesitaban cruzar para llegar al pie de la montaña misma. En esos afanes estaban cuando el mal tiempo los obligó a retirarse.
Pero, como bien sabemos, escape obligado, regreso mandatorio. Lo que ocurrió el 23 de enero de este año cuando los mismo tres testarudos insistieron en su escalada, esta vez con la compañía del estadounidense J.B. Haab.
El esfuerzo comenzó el 23 de enero, cuando volvieron a cruzar la densa vegetación y establecieron campamento al inicio del valle. Luego cruzaron el glaciar sin problemas, empalmaron una rampa de nieve (de 60-65 grados) y más tarde 3 largos de roca de IV a V grado para acceder a una antecumbre. De ahí recorrieron un filo hasta escalar el último bloque somital de 5 metros de alto para convertirse en los primeros seres humanos en contemplar la vida desde tal punto. La bajada la harían con un rapel largo y mucho de destrepe.
La cumbre "conquistada" la bautizaron como Punta Tehuelche, a la cual le asignan aproximadamente unos 1.800 metros de altitud.
Casi Casi
Vámonos ahora a Torres del Paine, donde el sin lugar a dudas mejor andinista chileno de los últimos tiempos sigue dando que hablar.
El 13 de febrero, Nicolás Gutiérrez (sí-él), junto al también mutante Antonio Haselbauer (he-man) estaban haciendo un vívac en el bloque gigante localizado en la base de las Torres, por el valle del Ascencio. ¿Su intención? Escalar la Torre Sur del Paine.
Al día siguiente, y como es habitual, partieron de noche y remontaron la canaleta que baja de la unión entre las torres Central y Sur. Al llegar vieron que las condiciones de ésta no eran las mejores, con demasiada nieve y hielo, así es que estaban en el proceso de cambiarse de ruta, a la Kerney-Knight en la Torre Central, cuando se toparon sorpresivamente con una cordada que venía subiendo por el otro valle, el de Las Torres. Eran el norteamericano Walker Mackey y el colombiano Sebastián Muñoz, quienes también querían intentar la misma ruta.
Ahora, tal propósito era ambicioso, pues la Kerney-Knight tiene estatus mítico, pues tras su apertura, realizada el 2 de enero de 1982, nunca había sido repetida. Una línea de 850 metros que va esencialmente por la arista sur de la Torre Central y que tenía reportado dificultades de 5.10 y A3 (¿A2?).
Las dos cordadas partieron escalando independientemente, en medio de un día despejado y sin viento, pero con frío pues esa vía recibe poco o nada de sol. El primero calzando zapatillas de escalada, el segundo con zapatos plásticos. Aproximadamente en la mitad de la ruta, donde comenzaban los 3 largos de artificial, los cuatro unieron fuerzas: uno punteaba, el segundo limpiaba, el resto jumareando; todos tratando de combatir las heladas temperaturas. Terminado ese segmento, volvieron a progresar en dos grupos, avanzando en simultáneo por sobre las pendientes "fáciles" del sector somital (IVº-Vº grado). A las 11:10 de la noche estaban en la cumbre. Cumbre-cumbre. O sea, la cumbre. O sea, la cumbre-cumbre-cumbre-cumbre. Como siempre debiera ser. Como siempre ha de celebrarse.
La bajada fue épica. En el esfuerzo de toparse con los rapeles de la Bonington, fue imposible no perder la línea varias veces, maniobras que hacían más insoportable el espantoso frío que los acechaba. El amanecer los pilló en el Col Bich. Y la hora 40 en el vívac de regreso. Y..., bravo. Bravo, bravo, bravo.
Decir que también después abrirían una pequeña aguja de 120 metros en el valle del Ascencio (Guantes de Mono, 5.11c) y que más tarde Nicolás Gutiérrez realizaría con Benjamín Lira (chileno también) el encadenamiento en 20 horas de la Guilloumet y la Mermoz en el área del Fitz Roy (espolón Von Rouge, 600 metros, 5.11d, e Hiper Mermoz, 1.200 metros, 5.11d), casi está de más y casi no sorprende.
Casi.
Zama Zablam
Finalmente para este recuento, recordar el accionar de un compatriota en los Himalaya, Fernando Zemelman.
Él ya llevaba cierto tiempo en España cuando pudo organizar un viaje al campamento base del Everest que incluía ascender el Island Peak (6.189 m). Proyecto que además, le permitiría a Zemelman dirigir su atención al Ama Dablam (6.812 m) una vez concluido el circuito comercial que dirigía.
Esto ocurría en noviembre del 2009. El programa se llevó sin incidencias, aunque no pudieron hacer cumbre en el Island Peak debido al mal tiempo. Luego de eso Zemelman llegó al campo base del Ama Dablam con carpa, comida y solo, debiendo adecuar su estrategia de ascenso a las particulares características que tiene el Ama Dablam.
Esto es pues los espacios para acampar son muy limitados (especialmente en el campo II y III) y típicamente están en poder de las agencias comerciales, dejando a los particulares, como Zemelman en desmedrada posición.
Pero éste se las arreglaría para poder utilizar el espacio que unos escaladores vascos que se retiraban estaban dejando y alcanzaría la cumbre de esta montaña en un tirón desde el campamento II, convirtiéndose con ello en el primer chileno en hacerlo. Luego de lo cual se retiraría de la montaña y Nepal.
Todo esto en 25 días.
El Molido
No mucho que reportar (o bien no supe buscar), salvo las actividades de Elvis Acevedo en la zona central de Chile. Entre ellas, una nueva ruta al cerro Gastón (con Eric Pinto; Canalón Sur: 55º, 810 mts; 07/12/2009), segundo ascenso del Cuerno Seco y nueva ruta por el filo sur (también con Pinto) y el segundo ascenso del Cerro Amarillo de Río Blanco (VI Región) por una nueva ruta que transcurre por el filo Oeste.
¿Y el resto? Flojeando, como siempre no más.
Bueno, vamos a lo que están esperando. El galardón más importante en la historia del mundo: los Premios del Anticristo. Incorruptibles, independientes, insoportables, indesmentibles, insuperables e incontenibles.
Primero, una fácil. La Brújula de Uranio por Mejor Expedición para..., sin lugar a duda alguna, Cristián Donoso y Sebastián Roca por su expedición Andes Antárticos. Cumpliendo a cabalidad con las cuatro características de la PAPA más el logro parcial de su objetivo, no dejan más que espacio para la alabanza y la imitación. Niños, recuerden, no es lo mismo ir lejos que ir cerca (brillante).
Y mucho más no hay. Pues la Jeringa de Plutonio (por mejor ascenso técnico) queda vacante pues no hubo expresiones de pericia extrema o innovación, pasando lo mismo con la Colchoneta de Tungsteno (por mejor iniciativa), dado que, no lo olviden, una cosa es proponerse cosas (por ejemplo, luchar por los accesos, la libertad y el sexo) y otra distinta es conseguir logros reales.
En cuanto al Ajo de Molibdeno (para Mejor Deportista) es tan obvio como repetitivo. Va para Nicolás Gutiérrez, lo cual ni siquiera amerita que lo comente, así es que no lo comento.
Y, por favor, qué alguien le diga que se aburra, ¿ya?