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Temporada Alta 2002-2003: Dulce
Por el Anticristo (1 mayo
2003)
En la columna anterior toqué el tema de los accidentes ocurridos en la
temporada pasada, ejercicio útil para estar informados y poder opinar con
conocimiento de causa.
Corresponde ahora repasar
las cosas buenas, pero antes algunas aclaraciones.
Primero, que a propósito
me he centrado en las actividades de los chilenos y no a lo que han hecho
extranjeros en nuestras montañas. ¿Por qué?. Bueno, porque quiero. Y también
porque hoy me preocupa mucho más nuestra geografía humana y no la física. Es
aquella la que requiere de ayuda en la actualidad.
Segundo, y como
conclusión de lo anterior, es que no hago mayor evaluación al extraordinario
último ascenso del germano Jürgen Straub, quien recientemente abrió una nueva
ruta en solitario a la Pared Sursureste del Nevado del Plomo, un recorrido de
2.500 metros de desnivel en una pared que, según él, es aún más difícil que la
Sur del Aconcagua.
Tercero, y final, que
las actividades a las cuales he hecho referencia aquí son las que representan
un aporte a la disciplina desde el punto vista deportivo.
Es posible que ascensos
notables y meritorios hayan quedado afuera porque yo no los evalúe
adecuadamente. Si fuese así, mil disculpas. Escríbanme y anexen los detalles de
las actividades que según Ud. deberían estar aquí.
La Gran Travesía
Para empezar tenemos a
la “Expedición Antártica”, proyecto ideado y conducido por Rodrigo Jordan, en
los cuales también participaron Ernesto Olivares, Eugenio Guzmán y Pablo Gutiérrez.
El objetivo era efectuar
una travesía sin soporte de 400 kilómetros en la meseta Antártica, desde el
Macizo del Vinson hasta Patriot Hills, línea que, tal como estaba propuesta,
nunca antes había sido realizada. Además, estaba considerado hacer algunos
ascensos en su recorrido: el Anderson (inescalado), Giovinetto (inescalado),
Jumper, Mohl, Segers (inescalado) y el Vinson por el flanco noreste. De los
anteriores, quizá era la escalada del Anderson la de mayor valor, dado que es
el 4.000 más alto aún no ascendido de la cordillera Centinela y no precisamente
un objetivo fácil desde la vertiente este.
Usando a la agencia
Adventure Network International como soporte logístico, arribaron al punto de
partida, el Glaciar Newcomer, el 10 de noviembre de 2002. Desde ahí avanzaron
hacia el sur, fallaron en su intento al Giovinetto, tuvieron éxito en el Segers
y arribaron a Patriot Hills el 2 de enero del 2003, tras 53 días de expedición.
En mi opinión, esta
travesía fue lo mejor de la temporada y sus integrantes, todos bien
experimentados, fueron capaces de realizar la mejor actividad jamás hecha por
chilenos en la Antártica (el otro gran hito nacional, la llegada al Polo Sur de
1996, repetía algo hecho varias veces antes).
Lo anterior no oculta el
hecho que sólo subieron un sexto de las montañas que se propusieron, lo cual,
sin ser algo necesariamente negativo, demuestra la conveniencia de ser más
cuidadoso con las expectativas generadas, especialmente si éstas tienen
repercusión en los medios de comunicación.
Hago esta observación
porque una de las variables con que se evalúa una actividad es precisamente ver
si se hace lo que se dice que se va a hacer.
También es bueno
confirmar que la travesía Patriot Hills-Monte Vinson sí había sido realizada
antes por un grupo francés, donde también se encontraba el experimentado
explorador polaco Marek Kaminsky.
Pero eso no quita
validez a “Expedición Antártica”, porque sus integrantes partieron desde mucho
más al norte y, además, se desplazaron por el sector oriental del Macizo. Es
decir, es efectivo que el recorrido que ellos se propusieron nunca antes había
sido llevado a cabo.
El Blanco Molido
Hubo más chilenos en la
cordillera Centinela, concentración que no deja de ser curiosa dado que desde
el ascenso de Jordan al Vinson (temporada 95-96) no se registraban actividades
nacionales en este sector de Antártica.
En orden cronológico,
primero está el ascenso que hizo el australiano Damien Gildea y el chileno
Rodrigo Fica al Monte Shinn el 1 de diciembre de 2002. El objetivo principal
fue colocar un GPS en su cumbre y obtener una medición fiable de su altitud. El
resultado fue 4.661 metros con un error de 50 cms., lo que la ratifica como la
tercera montaña más alta de Antártica. Además, este sería el primer o segundo
ascenso sudamericano, dependiendo si es efectivo o no que Alejo Contreras lo
subió a fines de la década del 80, información que aún debo ratificar.
Un mes después hubo una
expedición comercial al Vinson guiada por Conrad Anker y Misael Alveal, donde
participaron Andrónico Lúksic y Máximo Pacheco. La idea era una nueva ruta por
la vertiente este, para lo cual aterrizaron en el Glaciar Dater. Si bien el
equipo fue capaz de establecer un primer campamento, el persistente mal clima
les impidió progresar y fueron evacuados a fines de enero.
La Tierra de las
Tormentas
Mala temporada en
Patagonia, contradiciendo una vez más a quienes insisten en buscar patrones de
conducta en un lugar que es intrínsicamente caótico.
El éxito fue escaso,
aunque partió promisoriamente. El 3 de noviembre, Sergio Mujica, Nicolás
Bénnett, Francisco Irarrázabal, Martín Butazonni, Rafael Arrosamena y Emilio
Zabala subieron el Gorra Blanca (2.840 m), Campo de Hielo Sur, montaña que ya
habían intentado un año antes.
Distinta suerte corrió la tercera expedición del
grupo Cumbres Australes a la Pared Suroeste del Cerro 3.018 (ahora
renombrado Buracchio), ubicado en el Cordón Risopatrón. En esta
oportunidad, la expedición estuvo conformada por nueve integrantes.
Ellos eran Camilo Rada (líder), María Paz Ibarra, Eugenio Guzmán
(¡el mismo que había ido a Antártica con Jordan!), Viviana Callahan,
María Fajardo, Ólivers Flores, Verónica Ibáñez, Juan Pablo Meza
y Juan Antonio Villarroel. Ellos entraron por el fiordo Exmouth
el 30 de enero y se retiraron por el mismo sitio el 2 marzo, sin
poder hacer un intento serio de cumbre debido al mal clima.
Ese mismo mes tampoco
obtuvieron mejores resultados Marcelo Camus, Ismael Mena y Franco Valdés,
aunque por razones diferentes. Su objetivo era abrir una ruta nueva a la cara
sureste del Almirante Nieto. Partieron temprano de la Hostería de las Torres, a
las 3 de la mañana, con la intención de pasar temprano por una peligrosa
barrera de séracs que caracteriza esa vertiente. A las 6 ya estaban listos para
cruzar cuando cayó un gigantesco bloque de hielo de 30 metros de alto.
Prefirieron regresar.
Más al norte, Eduardo
Mondragón, Pablo Crovetto y Rodrigo Fica escalaron la Pared Sureste del
Castillo el 16 de febrero, en lo que sería su primera repetición absoluta desde
que esta ruta fue abierta en 1983. Las buenas condiciones de la nieve y hielo,
sumado a una ventana de buen tiempo, les permitió realizar la escalada, bajar
por la ruta normal y volver al campo base, en 19 horas, lo que no deja de ser
destacable toda vez que subir sólo los últimos 10 metros les demandó 4.
También en la XI región
Felipe Gonzáles Díaz escaló la virgen Torre del Moro, una aguja de roca que se
accede desde Villa Tapera, al interior de Puerto Cisnes. Lo hizo el 16 de
febrero e involucró una aproximación por un fácil glaciar, luego un filo de
roca y tres largos de cuerda con dificultad máxima de 5.8.
Finalmente, en Darwin, hubo una nueva
tentativa al Sarmiento, a cargo de una expedición televisiva internacional
denominada "Extremo Sul". En ella participaba el chileno Julio
Contreras, además de Walter Rossini (Argentina), Eduardo López (Argentina),
Nelson Barreta (Brasil) y Ronaldo Franzen (Brasil). Llegaron al base el 12 de
marzo y se retiraron el 4 de abril, sin éxito debido al mal tiempo.
Otras actividades
individuales llevadas a cabo en Patagonia durante la temporada (Ignacio
Morales, Víctor González, Mauro Vásquez...), fallaron también por las mismas
razones.
La Tierra del Smog
En la zona central,
destacaron dos ascensos.
Una de ellas fue una
nueva repetición a la poco conocida Cara Sur del Cortaderas, realizado por
Francisco Urzúa y Nicolás Von Graevenitz el domingo 23 de marzo. Las
dificultades encontradas hablan de varias rimayas extraplomadas y una pendiente
final de uno 60 grados.
La otra es la estupenda
escalada de Diego Vergara y Carlos Pinto a la Pared Sur del Morado, la vía más
clásica, renombrada y famosa de los Andes Centrales. Ellos partieron el 28 de
febrero y acamparon en el extenso plateau ubicado antes del collado
Morado-Mirador. Al día siguiente observaron la ruta, y el 2 de marzo, a las
4:00 de la mañana, iniciaron la escalada. Tras 12 largos de cuerda hicieron un
vívac arriba del paso Vásquez, desde donde continuaron al día siguiente con 6
largos más antes de salir.
Este fue el séptimo ascenso
de esta vía. Antes estuvieron Vásquez-Tangol, Maccio-Izquierdo-Delgado,
Brewer-Cassasa, Thiele-Buracchio-Montes, Fuentes-Vivanco y Farías-Besser.
Salón de la Fama
Bueno. Para terminar, como todo comentarista que
se precie de tal, llegó el momento de los premios. Tut-tut-tut-tuuuu.
Sí. Cuatro categorías. Mejor Expedición, Mejor Ascenso Técnico,
Mejor Deportista y Mejor Iniciativa.
Mejor Expedición: La
Brújula de Uranio para... ”Expedición Antártica”. Porque hicieron algo
nuevo, en una tierra lejana, con un buen grupo humano y con éxito.
Mejor ascenso técnico: La
Jeringa de Plutonio para la cordada con nombre de collera de rodeo:
Pinto-Vergara a la Sur del Morado. Porque, pese a ser una repetición, todavía
es una escalada delicada, larga y comprometida, donde la leyenda que la rodea
aún es una barrera psicológica a resolver.
Mejor Deportista: El
Ajo de Molibdeno, para... nadie. Desierto. Estos últimos seis meses no hubo
montañista alguno que tuviera varias actividades exitosas de buen nivel y que
destacara sobre el resto.
Mejor Iniciativa: La Colchoneta de Tungsteno
para... el Foro de Tricúspide. Un lugar de encuentro que, en pocos
meses, ha hecho más por la comunicación de nuestra comunidad que
todo lo prometido estos últimos diez años por el resto de los agentes
oficiales. Una iniciativa privada, de gente joven.
Un nuevo ejemplo de cómo el verdadero cambio sí
puede venir de nosotros mismos.
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